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7 febrero, 2023 0

La siesta de la longevidad en Yucatán

Por: Alessandra Yoselín Solís Pérez* Alrededor de las dos de la tarde los pueblos yucatecos duermen; en sus calles anchas, de casas amarillas con aroma a pan de leña, impera un silencio sepulcral. El pueblo duerme con la promesa de una vida larga, cuya calidad se consagra a las tardes de un sopor inescapable. Los ancianos dicen que así se vive mejor y se vive más, que por eso los puestos de comida se detienen cuando llega la hora y en la noche se reactivan las fiestas populares y la algarabía de los vecindarios se alza con el ímpetu de un huracán. Sin embargo, lo cierto es que no se duerme en cualquier momento del día, se rumora que debe ser cuando el sol está en su punto más alto y la comida, antes servida, descansa en el fondo de una panza hinchada. Se cuelgan las hamacas y ya nadie habla. Es “la siesta de la longevidad” como se nombra en los hogares de Yucatán. Según se explica en el artículo “Bases anatómicas del sueño”, el sueño se define como un estado biológico que es: activo, periódico, en el que se distinguen las etapas NREM y REM, que se alternan sucesivamente durante la noche. Intervienen los relojes biológicos en la modulación del sistema, así como neurotransmisores específicos. Se trata de una red neuronal compleja, en la que intervienen diversas zonas del sistema nervioso central. Los procesos oníricos están controlados además de forma neural. (Velayos et al., 2007: 7) En otras palabras, el sueño se entiende como el momento en el que hay un intercambio en partes distintas del encéfalo y que colocan al individuo en un estado parcial de inmovilidad e inconciencia; se trata de un estado con fases que se alternan continuamente y que implican la presencia de una actividad neuronal innegablemente compleja. La etapa NREM comprende cuatro fases que incluye la somnolencia, el sueño ligero y, finalmente, el sueño profundo; mientras que la etapa de REM o sueño REM, consiste en el “rapid eye movements” (Velayos et al., 2007: 8), lo que se traduce como los movimientos oculares rápidos que se experimentan al dormir, debido a la activación del tronco encefálico. Existe una relación entre el llamado reloj biológico, que se estudia en el artículo referido, y la conocida “siesta de la longevidad”, experimentada colectiva y generacionalmente en el estado de Yucatán: De por sí, el ritmo sueño-vigilia es cada 25-29 horas, según se ha estudiado experimentalmente en voluntarios encerrados en una habitación a la que no llegan las influencias exteriores. Pero la presión del sueño aumenta en torno a las dos de la tarde, lo que explica que sea fisiológico sentir sueño después de comer. La voluntad puede evitar el dormir después de comer. (Velayos et al., 2007: 9) Si bien “la voluntad puede evitar el dormir después de comer”, esta práctica de interés comunal y con la que se advierten procesos de vinculación y relación todavía se realiza en el estado, donde aproximadamente una hora después de comer se descansa, durante un tiempo no muy prolongado, con la intención de recuperar las fuerzas perdidas para continuar con las actividades del día: se recomienda dormir alrededor de 15 a 30 minutos máximo, sobre todo, si después vamos a ejecutar una tarea que demande nuestros procesos cognitivos. […] Después de esta siesta, nos sentiremos refrescados, energizados y realizaremos una gran cantidad de actividades igual que si nos hubiéramos recién levantando por la mañana. (UNAM Global, 2017, párr. 11-12) Lo que, desde luego, tiene repercusiones positivas en la salud de los individuos, como asegura el Dr. Ceña Callejo, ya que “una buena y adecuada cantidad y calidad del sueño nos ayuda a proteger nuestra salud física y mental, proporcionándonos una mejor calidad de vida” (Ceña, 2017: 91). “La siesta de la longevidad” se ve presente con mayor frecuencia en los pueblos del estado, más que propiamente en la ciudad, por lo que a menudo se dice que las tardes donde prepondera un silencio ominoso resultan desanimadas y soporíferas. En sus calles abandonadas rebosan los árboles frutales, se mecen las ramas y los jaimitos terminan estrellados en el pavimento medio roto atrayendo moscas y uno que otro perro despistado, buscando algo de sombra bajo la fronda de un arbusto.  En las tardes febriles de Yucatán se tiene la costumbre de dormir al terminar la comida. Don Atilano, un hombre que murió a los cien años en la cabecera municipal de Tizimín, rodeado de amoroso consuelo y rostros macilentos cuando dejó de mirar, se le vio hasta que la edad lo permitió manejando su bicicleta con un sabucán colgando del manubrio derecho. Mi abuelo fue de esos hombres que todo lo podían, rara vez se enfermaba y olía como el sol.  En aquellos días de sol albaricoque, las gallinas revoloteaban por entre los corrales y un cielo azulón; en ese momento me recostaba en la hamaca junto a mi abuelo con el bochorno de un estío espeso e interminable. Cuando se hizo demasiado mayor para seguir manejando, yo le preguntaba cómo le hizo para vivir tanto y él hablaba entonces de “la siesta de la longevidad”. Duerme en la tarde, decía él, así la vida pesa un poco menos. Bibliografía Ceña Callejo, R. (2017). “Dormir bien para vivir y trabajar mejor”, en Revista de la Asociación Española de Especialistas en Medicina del Trabajo, 26(2): 90-91.  UNAM Global (2017) “¿Por qué nos da el ‘mal del puerco’?”. Revisado el 2 de diciembre de 2022, en Fundación UNAM, en: https://cutt.ly/11F6ZzC. Velayos, J. L., Moleres, F. J., Irujo, A. M., Yllanes, D., y Paternain, B. (2007) “Bases anatómicas del sueño”, en Anales del sistema sanitario de Navarra, vol. 30: 7-17. * Alessandra Yoselín Solís Pérez es alumna de la Licenciatura en Literatura Latinoamericana de la Universidad Autónoma de Yucatán.

15 enero, 2023 0

Para hacer sociología las dicotomías no bastan

Por: César Guzmán Tovar* El pasado 8 de diciembre de 2022 la Gaceta de la UNAM publicó la aprobación de la Licenciatura en Sociología Aplicada para la ENES Mérida. Este es un gran logro de un equipo de académicos y académicas que trabajó durante años, en el cual tuve la oportunidad de participar, para que la sociología llegara al sureste del país y acompañar otras disciplinas de las ciencias sociales ya instaladas en la Península como la antropología, la historia y la economía. Este acontecimiento me parece la excusa perfecta para reflexionar la relación entre lo “básico” y lo “aplicado” en las ciencias. El caso, por supuesto, será la sociología. Aunque breves, estas reflexiones pueden ser el punto de partida de discusiones más profundas entre académicos y académicas dentro y fuera de la UNAM. Hace más o menos 170 años surgió la sociología como disciplina científica en Europa. Sus precursores: el francés Auguste Comte (1798-1857) y la inglesa Harriet Martineau (1802-1876)[1]. Mientras que Comte se encauzó en consolidar una teoría enfocada en entender y aceptar la realidad únicamente en los hechos observables que podrían ser reducidos a leyes, Martineau se preocupó por llevar esa teoría al terreno empírico. Así, los etéreos planteamientos teóricos de Comte encontraron asidero en la metodología empírica de Martineau. Es importante señalar que Martineau y Comte plantearon sus propuestas simultáneamente y por separado; esto nos dice que su pensamiento apuntaba a lo mismo (la creación de una nueva ciencia positiva) desde enfoques distintos. El resultado: una sociología concebida desde la teoría y la empiria. Quiero resaltar la conjunción “y” en la frase anterior. Pienso que, desde su nacimiento, el espíritu de la sociología ha expresado esta relación entre teoría y práctica, entre pensar y hacer, entre conceptualizar y aplicar. La sociología es sinónimo de esa conjunción, es amalgama entre el pensamiento y los sentidos. No creo caer en un exceso al decir que la sociología es opuesta al pensamiento moderno que creó la dicotomía entre razón y alma. Ontológicamente, la sociología contiene estos elementos en una relación simbiótica, no dicotómica; y a eso le hemos llamado praxis. Como lo mencioné en otro texto, para hacer sociología el escritorio no basta[2]. Hubo un tiempo en la trayectoria de la disciplina sociológica como profesión en donde se erigió la discusión sobre una sociología teórica o una sociología aplicada. Esa controversia no llevó a ninguna parte porque la sociología se piensa hoy como teórica y aplicada. Algunas personas que se sienten más cómodas haciendo teoría y otras haciendo trabajo empírico, pero es importante no perder de vista que esto se hace siempre desde la base sociológica inherente que he mencionado. Es imposible bifurcar con nuestra comodidad lo que ha emergido ontológicamente inseparable. No hay que olvidar que la escisión entre investigación básica e investigación aplicada tiene una amplia tradición en las ciencias naturales; sin embargo, desde los estudios sociales de la ciencia, creemos que dicha divergencia es artificial porque el conocimiento científico tiene un carácter socio-cognitivo, es decir, surge en una materialidad social a partir de ejercicios creativos del pensamiento. Por otra parte, entendemos la producción de conocimientos desde un modelo helicoidal opuesto al modelo lineal. El helicoide es un continuum que avanza en espiral re-visitando, recogiendo y reformulando sobre lo ya avanzado (se reformulan conceptos y teorías a través del trabajo empírico, y éste a su vez se hace posible gracias a inquietudes teóricas). En ese sentido, todo conocimiento científico es aplicado. Si esto es así, ¿por qué hacer una distinción entre ciencia básica y ciencia aplicada? La respuesta creo que debe buscarse en el entorno económico de las ciencias. Sin duda, las ciencias no son ajenas a las dinámicas económicas y se espera de ellas contribuciones para la comprensión y solución de los problemas que aquejan a las sociedades. Las ciencias se hacen en un contexto capitalista en donde el objetivo es obtener réditos económicos con la financiación (pública o privada) de proyectos. Así, los y las científicas tuvieron que plantear proyectos que suplieran la ilusión de obtener ganancias en un periodo relativamente corto de tiempo en comparación con los proyectos tradicionales a largo plazo. Se definió esto como investigación aplicada. Son, en definitiva, proyectos de investigación formulados a partir de un cronograma acotado. Entonces, la investigación aplicada se asocia a una noción de celeridad de resultados (para obtener ganancias en un futuro próximo), mientras que la investigación básica contiene el imaginario de un tiempo elástico para generar elucubraciones que algún día generarán lucro. La diferencia entre “lo básico” y “lo aplicado” en las ciencias no es más que una construcción temporal mediada por los recursos económicos.  Pero más allá de los proyectos institucionalmente situados, las ciencias tienen sus propias trayectorias. Vuelvo sobre la praxis ontológica de la sociología: puede que las demandas políticas y económicas requieran de la sociología respuestas concretas a problemas públicos y que por ello pensemos en una “sociología aplicada”; pero eso no quiere decir que en la academia deban existir sociólogos y sociólogas aplicadas, por un lado, y sociólogos y sociólogas básicas, por otro lado. Todos y todas somos sociólogas, sin apellido. Menciono todo esto porque considero que para hacer sociología las dicotomías no bastan. Hoy sabemos que separar las nociones de mente y cuerpo, sociedad y naturaleza, subjetividad y objetividad, teoría y práctica no ha dado muchos frutos en los análisis sociológicos porque estas dicotomías distorsionan las realidades que co-producimos.   La fragmentación (entre sociología teórica y sociología aplicada) responde a necesidades institucionales, más que a una realidad epistemológica. Como dijo Fals Borda, la sociología debe ser una ciencia comprometida; y, como dijo, Marx, de lo que se trata es de transformar la realidad. En ese compromiso sociológico por la transformación no caben distinciones entre conceptualización y aplicación, sólo pasión por la praxis.           Notas:    [1] El término “sociología” ya había sido usado por el abate Emmanuel Sièyes en unos manuscritos de 1780, pero son Comte y Martineau quienes delimitan esta nueva palabra como una ciencia con un método de…

12 agosto, 2022 0

Ciencia en Acción, ciudadanos navegando en el arribazón

Por: Arely Paredes Chi,  María del Carmen Galindo de Santiago y Erika Vázquez Delfín* Un grupo de académicas(os) entusiastas y comprometidos con la ciencia, que trabajan en la ENES-Mérida y la UMDI Sisal de la Facultad de Ciencias de la UNAM Yucatán; el Museo de Historia Natural de Londres y la Universidad de Greenwich, estamos realizando un proyecto[1] de Ciencia Ciudadana en dos puertos: Sisal, Yucatán y Puerto Morelos, Quintana Roo, tomando como base el proyecto original Big Seaweed Search [2]. Nuestro objetivo es promover la colaboración entre científicos académicos y científicos ciudadanos para monitorear la diversidad y abundancia de las macroalgas que arriban en la costa yucateca y en el caribe mexicano. Las macroalgas son organismos que nos proporcionan distintos servicios ecosistémicos de soporte y regulación: brindan refugio y alimento a diversas especies de animales invertebrados y vertebrados, creando importantes ecosistemas marinos; cuando arriban a las playas aportan nutrientes a la zona de costa y brindan soporte energético para las redes tróficas del océano y ambientes costeros; fijan sedimento y el carbono producido por fuentes naturales o por actividad antropogénica, generando una gran cantidad de oxígeno que se libera a la atmósfera y es utilizado también por organismos terrestres. También brindan servicios de provisión, ya que son empleadas en la agricultura, en el área farmacéutica, cosmética y alimentaria, ya sea como alimento directo o por la extracción de compuestos como agar, alginatos, carragenina, vitaminas, otros metabolitos secundarios y minerales traza ampliamente usados en la industria y/o que tienen importancia como nutracéuticos. También brindan servicios culturales, ya que proveen de una belleza escénica a los ambientes arrecifales marino-costeros. Sin embargo, en los últimos años, algunas especies como el sargazo han arribado de manera masiva y anormal a la costa del Caribe mexicano, causando severos daños a diversos ecosistemas como el arrecifal o las praderas de pastos marinos y afectando las actividades económicas de la región (Paredes-Chi, Rioja y Galindo, 2022)[3]. Iniciamos esta increíble aventura científica impartiendo un taller donde compartimos, con jóvenes de ambos puertos, nuestros conocimientos científicos sobre las macroalgas y también escuchamos sus saberes locales, intercambiando inquietudes y preguntas sobre ese recurso natural. En ese taller les enseñamos cómo colectar e identificar macroalgas y cómo estas actividades contribuyen a hacer ciencia y generar conocimiento elemental para el manejo de recursos naturales. Después del taller realizamos monitoreos de macroalgas en conjunto, es decir, recolectamos e identificamos macroalgas entre científicos ciudadanos y académicos, usando guías de investigación donde se describe el protocolo de colecta que se utiliza de manera sistemática. Para identificar las especies de macroalgas colectadas, usamos dos guías de identificación que elaboramos especialmente para cada puerto. Continuaremos con los monitoreos durante todo el año una vez al mes y son bienvenidos todos los ciudadanos que deseen participar Con este trabajo, esperamos que se fortalezcan nuestros conocimientos sobre las macroalgas y sobre cómo hacer ciencia ciudadana para proponer estrategias de conservación y manejo responsable colaborativo. Pronto compartiremos resultados preliminares sobre los aprendizajes y el monitoreo ambiental. Esta historia continuará. Notas: [1] Estamos realizando una adaptación del proyecto original Big Seaweed Search UK: https://www.nhm.ac.uk/take-part/citizen-science/big-seaweed-search.ht [2] Este proyecto está financiado por the British Academy’s Knowledge Frontiers: International Interdisciplinary Research 2021 Programme. [3] Paredes-Chi, Rioja Nieto, R. y Galindo de Santiago (2022). Investiguemos sobre macroalgas: ciencia ciudadana para resolver problemas ambientales y desafíos sociales en una época de crisis climática global. Boletín LANRESC marzo, 2022. * Autoras: Dra. Arely Paredes Chi 1, 2 (catedrática Conacyt); M. en C. María del Carmen Galindo de Santiago 1, 2 ; Dra. Erika Vázquez Delfín 2 1 Facultad de Ciencias, UMDI Sisal; 2 ENES-Mérida.

17 abril, 2022 0

El makulís (Tabebuia rosea)

Por: Fabián Díaz* Hoy hablaremos de uno de mis árboles favoritos, el makulís. Un gran árbol de flores rosadas o amarillas que nos convierte a todos en fotógrafos profesionales. Hablaremos de cuándo florece, cuánto crece y de dónde viene. A todos nos gusta ver a los Makulís floreciendo y bañando las calles de nuestras ciudades de color rosado. El género de los árboles al que pertenece el Makulís es Tabebuia y comprende alrededor de 70 especies. En la península de Yucatán encontramos el Tabebuia rosea y el Tabebuia chrysantha o Handroanthus chrysanthus ambos, árboles nativos de las zonas tropicales de América. El Handroanthus chrysanthus es el llamado makulís amarillo menos frecuente encontrarlo en las ciudades. Esta especie se encuentra en la categoría de riesgo de la NOM-059 de la SEMARNAT, como de Amenazada, mientras que el Tabebuia rosea o makulís rosado pueden alcanzar hasta 15 m de alto y todo responde a las condiciones adecuadas de temperatura, sol, suelo y agua que reciba. Sus raíces son pivotantes profundas. La temporada de floración es dos veces al año, desde la segunda quincena de enero aproximadamente, hasta mediados de mayo y vuelve a florecer en septiembre en un periodo más corto de dos meses únicamente (González Hernández, et al., 2018). Los colores de las flores varían dependiendo del periodo de la floración. Para el primer periodo de floración se encontraron más flores de color Rosa mexicano y lila claro, pero para el segundo periodo habían más de color lila claro (González Hernández, et al., 2018). Referencias Batis A.I., Alcocer M.I., Gual M., Sánchez C. y Vázquez-Yanes C. (1999). Árboles y arbustos nativos potencialmente valiosos para la restauración ecológica y la reforestación. Instituto de Ecología, UNAM. México, D.F. Centro de Investigación Científica de Yucatán. Flora de la Península de Yucatán. [En línea] Ficha virtual del CICY, recuperado el 07 de septiembre del 2020 de https://www.cicy.mx/sitios/flora%20digital/ficha_virtual.php?especie=1054 González, A., Magaña, M., Sol, A. (2018). Servicios eco sistémicos brindados por Tabebuia rosea (Bertol.) DC. Centro, Tabasco, México. Revista Iberoamericana de Bioeconomía y Cambio Climático 4(7), 834-850. Herrera-Canto, E. (2015) Tabebuia rosea (Bertol) DC., un árbol de color rosa y sus usos tradicionales. Herbario de CICY (7): 52-54 Norma Oficial Mexicana NOM-059-SEMARNAT-2010 (diciembre 30, 2010). Diario Oficial de los Estados Unidos Mexicanos, Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales, recuperado el 12 de septiembre del 2020.  Orellana, R., Carrillo, C. y Franco, V. (2007), Árboles recomendables para las calles de las ciudades de la Península de Yucatán. Centro de Investigación Científica de Yucatán, A.C.  Pennington T.D. y Sarukhán J. 1998. Árboles tropicales de México. Manual para la identificación de las principales especies, 2a. ed. Universidad Nacional Autónoma de México-Fondo de Cultura Económica, México. Pennington, T., J. Sarukhán, (2005) Catálogo de metadatos geográficos. Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad. [En línea] Recuperado el 07 de septiembre del 202 de http://geoportal.conabio.gob.mx/#!l=plantas:1,dis_t_rosegw:1@m=mixto Pineda, E., Valdez. J., Pérez. C. (2016). Crecimiento en diámetro y fenología de Tabebuia rosea (Bertol.) DC. en Costa Grande, Guerrero, México. Revista Acta Universitaria, Universidad de Guanajuato. Vol. 26 No. 4, 19-28 *Alumno de la Licenciatura en Ciencias Ambientales, ENES-Mérida, UNAM.

10 marzo, 2022 Desactivado

Covid-19: miradas locales desde Yucatán

En este programa encontrarás información relevante sobre el ejercicio de escrutinio que realiza en Observatorio Regional de Gobernanza y Coordinación Social Ante el Covid-19 (ORGA) en Yucatán