A propósito de las mujeres: “Miss Revolución”
Por: Paloma Fernanda Valdez Ayala* Al echar una mirada atrás en mi paso por la universidad, me sorprende que tenía 18 años cuando, a través de mis colegas del salón, recién fui introducida al término “interseccionalidad”. Ciertamente, me parece desconcertante que hasta dicha edad haya por fin conocido, e incluso, escuchado enunciar este vocablo, debido a que hoy me es completamente común ver lemas en los que esta palabra es clave, sobre todo en vísperas de las marchas del 8 de marzo, como por ejemplo: “el feminismo es interseccional o no será”. Y, aunque, creo que puede resultar un concepto bastante asequible una vez que ha sido explicado en función a ser una herramienta para el análisis que nos permite dimensionar que “las desigualdades sistémicas se configuran a partir de la superposición de diferentes factores sociales como el género, la etnia y la clase social” (ParlAmericas, 2022), para mí, los medios audiovisuales suelen ser excelentes opciones para aterrizarnos en otras realidades, y de esta forma, dicho sea de paso, nos permite dilucidar la interseccionalidad más allá de términos teóricos. Una de las cosas que siempre repito cuando me preguntan por qué me gusta tanto el cine o incluso la televisión, es porque, me parece que, dada su masividad, tienen la responsabilidad de generar no solo entretenimiento, sino que, en dichos medios, converge una gran potestad de creación y difusión, (o en su debido caso, destrucción y aislamiento), que está en posibilidad de ayudar a acercarnos, develar, o comprender lo que pasa, o ha pasado a lo largo del tiempo en nuestras sociedades, a través de historias, que me gusta dibujar como la creación de potenciales contextos compartidos, en los que, puede que no te encuentres bajo las mismas circunstancias de aquellas personas que ves en pantalla, pero, puedes de alguna manera, empatizar, o incluso identificarse con sus personajes y lo que les sucede. Por todo lo anteriormente dicho, hoy me gustaría compartir una recomendación: la película “Miss Revolución” de la directora Philippa Lowthorpe, que se encuentra en la plataforma de Netflix, después de ser lanzada originalmente en salas el año 2020, retrata como por allá en los aparentemente lejanos años 70´s, el certamen Miss Mundo sufrió la protesta de un grupo de mujeres que se oponían ante la realización del concurso, exponiendo que éste, es una de las mayores celebraciones a la opresión femenina y al patriarcado. En consecuencia, me parece válido que una como espectadora se cuestione: “¿Qué hay de novedoso en un grupo de mujeres protestando contra la ejecución de esta contienda?, ¿qué perspectiva distinta nos ofrece este metraje?”, pues incluso, en la misma cinta, a un nivel a mi percepción, autor reflexivo, uno de los personajes pregunta: “¿Qué no hay cosas más urgentes sucediendo en el mundo, que hablar de un concurso de belleza?” No obstante, el asunto es que, tanto en los setenta, así como ahora, las luchas de las mujeres no han cesado por buscar la realización de algunos objetivos que podrían verse como comunes, sin embargo, dentro de éstas, las mujeres de contextos privilegiados suelen ser las que más visibilidad reciben. Aunado a esto, ante los ojos mediáticos, constantemente se cataloga casi cualquier acción de protesta ejecutada por mujeres, como un acto feminista, sin tomar constancia de si realmente aquellas ejecutoras se identifican de dicha forma, y lo que es más apremiante aún, como si existiese un feminismo universal en donde encerrar todo acto de cierta índole, de tal forma que se ha convertido en una narrativa casi generalizada el que, muchas veces, en conveniencia a lo que clasifican en los medios de comunicación predominantes o bajo el escrutinio social más conservador, determinado acto sea calificado automáticamente de feminista, casi en su mayoría con connotaciones peyorativas, y otros sean registrados como “aceptables” (por lo general siendo alejados del concepto de feminismo de la narrativa oficial), como resulta ser evidente después de leer por unos minutos las notas que cubren las protestas del 8 de marzo. Si bien es cierto que, el asunto no va de dividirnos y entender que unas luchas no excluyen otras, sí es completamente necesario comprender que, así como variedad de mujeres existe, en tanto sus condiciones y por consiguiente, diversidad de necesidades y batallas hay, y no todas pueden ser realizadas bajo los mismos métodos o perspectivas, empezando por el simple hecho, de que no todas disfrutamos de las mismas oportunidades, y es en este aspecto, lo que encuentro más valioso de esta película, pues, me parece que de manera muy interseccional, el argumento bajo el cual se desarrolla la historia de nuestras protagonistas, más allá de ir únicamente por la evidente crítica con respecto a lo misógino y capitalista de mercantilizar un show que se basa en juzgarnos de acuerdo a estándares de belleza hegemónicos y hacernos competir en relación a los mismos, también se encarga de hacer consciente que esta competencia -la cual me parece, sigue teniendo un gran nivel de atención mediática actualmente, y al fin y al cabo, es un ejemplo que podríamos aplicar a muchos otros ámbitos que tienen que ver con comprender la relevancia del derecho a la representación- es algo claramente político, al evidenciar que hasta el año 1970, no solo había sido la primera vez en que una concursante negra, proveniente de la región denominada como África del Sur (que en realidad comprende 6 países) habría sido finalista superando a la representante blanca que era oriunda de Sudáfrica, sino que, además, resultó ser la primera ocasión en la historia hasta ese momento, en que una concursante negra, Jennifer Hosten, originaria de Granada, salió victoriosa llevándose la corona, pese a que, después fue relevado, en realidad, los jueces habían votado por la representante de Suecia, esto, en pleno periodo del apartheid (es decir, el sistema de segregación racial en Sudáfrica), hecho que no hubiese sido posible de no ser por la presión de grupos que ya venían gestando sus ánimos de disconformidad ante la guerra de Vietnam, y el antes ya mencionado,…