El arte feminista como patrimonio [Re] Generando Narrativas e Imaginarios en el Museo Kaluz
Por: Guadalupe Lara Díaz* Museo Kaluz es un museo de arte ubicado en el Centro Histórico de la Ciudad de México. Inagurado en octubre de 2020, el museo resguarda y difunde la colección Kaluz, a través de la cual ofrece al público un proyecto expositivo diverso en donde cada exposición genera un diálogo entre las obras de arte de diversos tiempos y contextos. Mi visita al museo fue para conocer [Re] Generando Narrativas e Imaginarios. Mujeres en diálogo, una exposición que busca visibilizar el rol de las mujeres como artistas a lo largo de la historia, y que pretende establecer un diálogo entre más de 100 obras de mujeres artistas de diferentes épocas y estilos. Al mismo tiempo, busca resignificar algunas “actividades femeninas”, como el tejido y el bordado, como propuestas artísticas que contribuyan a cambiar la narrativa de aquello que entendemos como arte. ¿Dónde están las mujeres en las colecciones de arte y museos en México? El museo Kaluz, de la mano de la curadora e historiadora Karen Cordero Reiman, parte de esta interrogante para presentar esta exposición. Lo que busca es cuestionar las relaciones de poder en las estructuras de nuestra cultura y en particular del sistema artístico, por eso en la exposición hallamos tres ejes temáticos: Cuerpxs, Entornos e Imaginarios, ejes que forman parte del Patrimonio del museo. En las salas encontré otras miradas, otros espacios y otras subjetividades, uno de los aspectos más llamativos de la exposición lo encontré desde el inicio, donde se mencionan porcentajes de la participación de las mujeres en los diversos museos de la CDMX, el número de mujeres creadoras representa el 15% en promedio: una de cada cuatro artistas de la colección del Museo de Arte Contemporáneo son mujeres, en el Jumex representan el 20,1%, en el Museo de Arte Moderno el 16,6 % y, en cuarto lugar, en el Museo Kaluz el 15,1%. La exposición busca no solamente incluir mujeres artistas para exponer un mayor número, sino crear nuevas narrativas sobre la historia del arte e imaginar otras maneras de organizar la sociedad. Durante el recorrido pude observar piezas como: Mujeres frente al tribunal (2021), de Carla Rippey, la cual resignifica fotografías antiguas hechas a mujeres detenidas; Tejedoras de acompañamiento, una obra encargada para la exposición al grupo de investigación; y creación Mitote que referencia a otras formas de apoyo y creación. La pieza que más me conmovió durante el recorrido fue la silueta de una mujer fabricada con un espejo, creada por la fotógrafa Sonia Madrigal para La muerte sale por el Oriente (2014), un trabajo que aborda la violencia feminicida. El recorrido por el museo me llevo a reflexionar sobre La curaduría feminista, no solamente se necesita incluir más mujeres, artistas o identidades sexuales diversas en los museos, sino contar historias de manera distinta. Preguntarnos cómo cambiaría la representación del patrimonio y del arte cuando incluimos otros actores y otras miradas; estas trasformaciones harían que el público genere otros modos de colocarse ante un patrimonio común y convierta a estos espacios de memoria en una experiencia que implicara el cuerpo, los sentidos, el movimiento y la posibilidad de hacer relaciones o diálogos entre diferentes obras o diferentes patrimonios. Decolonialidad y Patrimonio Entendemos por patrimonio a los bienes y expresiones culturales heredados de generaciones pasadas, que tienen un valor histórico, artístico, científico o social, asi como elementos que son considerados importantes para la identidad y la memoria de una comunidad. En relación al patrimonio, la perspectiva decolonial cuestiona los modelos tradicionales de preservación y valoración del patrimonio que han sido establecidos durante el periodo colonial y que suelen favorecer la vision eurocentrista y occidentalizada, modelos que han privilegiado ciertos objetos, monumentos y narrativas históricas. La decolonialidad propone una revisión crítica de los conceptos de patrimonio, buscando incluir y valorar diversas expresiones culturales y conocimientos de los comunidades, se busca superar la idea de que solo ciertos elementos son considerados patrimonio y se promueve la valoración de los saberes ancestrales, las tradiciones orales, las prácticas culturales y otros aspectos que han sido históricamnete marginados o invisibilizados. En relación con la decolonialidad, Rita Segato (2020) ha criticado el concepto de patrimonio cultural, argumentando que es un instrumento de poder que perpetúa las desigualdades coloniales y las jerarquías de género. De acuerdo con ella, el patrimonio cultural se ha utilizado para legitimar las narrativas dominantes, silenciar las voces de los grupos subalternos y perpetuar la violencia simbólica. Segato ha abogado por la necesidad de descolonizar el conocimiento y cuestionar las estructuras de poder arraigadas en la colonialidad. Ha señalado que la colonialidad no es solo una cuestión del pasado, sino que persiste en la actualidad a través de las relaciones de poder desiguales y las prácticas discriminatorias. Desde esta perspectiva, Segato ha insistido en repensar y redefinir las prácticas culturales: La patrimonialización, que piensa el patrimonio como cosas, es decir, como vida muerta, no sirve. Para que el patrimonio esté vivo tiene que ser vivido por la gente y estar en permanente construcción por parte de las personas quien pertenece. (Segato, 2020, p.159) En ese sentido, las obras exhibidas en el Museo Kaluz, es decir, el arte feminista, es considerado patrimonio porque documenta y preserva una historia cultural significativa, estas obras capturan momentos claves de luchas y logros feministas, representan las resistencias experimentadas por las mujeres a lo largo del tiempo y contribuyen a generar espacios para la expresión así como para la reflexión sobre las experiencias femeninas. Al considerar el arte feminista como patrimonio, se reconoce su valor histórico, cultural y social. Los museos y las instituciones culturales han comenzado a exhibir y preservar obras feministas como parte de sus colecciones permanentes, esto no solo permite que estas obras sean apreciadas, sino que también aseguran su contribución a la diversidad cultural y artística de la sociedad. En el museo, las obras tienen una dimensión política porque buscan desafiar estructuras de poder, criticar al patriarcado, reclamar el espacio público, promover el cambio social, así como construir nuevas identidades y subjetividades. Otras…