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17 noviembre, 2022 0

¿Fútbol moderno o fútbol rebelde?

Por César Guzmán Tovar* Boicot Qatar 2022 “Boicot Qatar 2022” ha sido una expresión recurrente en los estadios de fútbol alrededor del mundo durante los últimos días. Este clamor es un llamado a los seguidores del fútbol, pero también a la sociedad en general, para prestar atención sobre cómo un Mundial de Fútbol puede ser la cortina de humo en un país donde se ha hecho evidente el autoritarismo, la corrupción, la violación de los Derechos Humanos, la marcada inequidad de género y la esclavitud contemporánea. Hinchas del Borussia Dormunt en protesta por el mundial Qatar 2022 . Foto tomada de https://twitter.com/elforomdm El fútbol ha adquirido características propias del mercado capitalista, esto es, ha pasado de ser exclusivamente una práctica deportiva de orden mundial para adecuarse al modelo de la globalización capitalista. Los argumentos que sustentan esta afirmación giran alrededor de dos ejes: 1) la legitimación de la mercantilización de los futbolistas profesionales, y 2) la cuestión futbolera como un asunto político. La Fédération Internationale de Football Association (FIFA)1, más que ser una institución reguladora del deporte, actúa como una multinacional que pone su estructura mediática y financiera a servicio de los gobiernos para hacer alianzas lucrativas. Así, la FIFA   –esa terrible empresa multinacional– ha generado una simbiosis entre capitalismo y política con consecuencias nefastas para el fútbol y la sociedad. En términos sociales, la empresa ha sido cómplice de crisis humanitarias bajo una falsa e hipócrita idea de neutralidad política; en términos culturales, ha impuesto su visión eurocéntrica sobre cómo debe hacerse y vivirse el fútbol; en términos competitivos, ha producido una subjetividad deportiva que fabrica futbolistas-mercancías para el consumo masivo. La legitimación capitalista del fútbol profesional Existe una innegable relación entre el fútbol moderno2 y las ganancias del capital. Es verdad que esta dependencia ha existido casi desde los inicios mismos del fútbol (por lo menos desde su profesionalización), pero también es cierto que actualmente es cuando más estrecha y directa es dicha relación. Desde la segunda mitad de la década de 1990 del siglo pasado se empezaron a generar una serie de contrataciones y transferencias de jugadores a altas sumas de dinero, esto generó una mercantilización del deporte a nivel mundial y, consecuentemente, transformó las condiciones laborales de los futbolistas profesionales. El proceso de mercantilización se inició con la globalización mediática del deporte, pues con la transmisión de las diferentes ligas (europeas principalmente) se generó un movimiento de capital que permitió a los empresarios cerrar ostentosos negocios con las nacientes “estrellas” mundiales del fútbol. La promoción mediática de jugadores fue acompañada con merchandising hasta el punto de que los propios jugadores se convirtieron en marcas comerciales. La lógica mercantilista con la que fueron tratados los jugadores desde ese entonces empezó a generar grandes sumas de dinero a particulares y empresas privadas dedicadas al fútbol como negocio; y así el afán de la ganancia se impuso sobre la pasión por el espectáculo. Así, se legitimó sin mayores resistencias lo que hoy se conoce como “fútbol moderno”, un negocio multinacional que tiene tantas bondades como iniquidades. Imagen tomada de https://www.instagram.com/cizanaparatodos/ El fútbol es una mercancía administrada por unos pocos a la espera de ser consumida por multitudes en diversas formas, todas ellas ofrecidas como marcas registradas (boletería, transmisiones de televisión, ropa, wallpapers, y un sinfín de productos físicos y digitales). Aquí se pone de manifiesto la preponderancia del interés privado sobre el interés público en tanto que el fútbol, como asunto de entretenimiento, es volcado hacia la obtención de ganancias a través del consumo. Ya no se piensa en el fútbol como un momento de esparcimiento y de aprovechamiento del tiempo de ocio de las personas, sino como un negocio que debe generar gran cantidad de mercancías para ser consumidas cotidianamente. Se ha pasado de un espacio de generación de diversión a una industria de producción de capital, y esa transformación se ha legitimado por vía de una afectación en la subjetividad de los hinchas: se ha masificado una pasión incondicional por el equipo de fútbol, lo cual genera cambios en los estilos de vida de jóvenes y adultos en todas partes. El fútbol y la política Este segundo eje tiene que ver con el impacto de las políticas en el fútbol. En este caso se trata no sólo de las políticas públicas, sino también del fútbol como política, es decir, como materialidad que genera ciertas relaciones de poder y toma de decisiones a nivel colectivo. Sin duda, el hecho de que el fútbol se haya posicionado como una práctica importante en la producción de capital trajo como corolario su relevancia en los asuntos públicos de la sociedad. Sin embargo, dicha relevancia adquiere un carácter ambiguo en muchas sociedades pues, por un lado, se han generado dispositivos normativos y jurídicos para el control del fútbol profesional y de los espectáculos deportivos; por otro lado, sigue siendo evidente la ausencia de acciones concretas para la protección laboral y económica de los deportistas profesionales, especialmente de las mujeres futbolistas. En este sentido se puede hablar de una explotación y pauperización de la profesión deportiva por cuanto las burocracias y los empresarios del fútbol se benefician con el trabajo de terceros y terceras. En no pocas ocasiones las administraciones públicas también asumen como un asunto de interés público las actividades deportivas al servir como sedes de campeonatos o eventos internacionales. Las preguntas que surgen son: ¿cómo se justifica la inversión pública para la realización de un evento de privados?, ¿cuáles son los beneficios reales y concretos que quedan para las comunidades el hecho de realizar eventos deportivos de talla internacional?, ¿se asocia el deporte profesional al mejoramiento de la calidad de vida de los sectores socioeconómicamente desfavorecidos?, ¿la sociedad debe aceptar la realización de un campeonato que ha costado la vida de muchos trabajadores-migrantes por las malas condiciones laborales?  Las preguntas son relevantes y se tornan de interés público por cuanto las actividades deportivas afectan directamente a varios sectores de la sociedad. Estos y otros cuestionamientos se están empezando a…