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31 octubre, 2023 0

Desarrollo de Territorios Inteligentes Sostenibles*

Por: Benjamín Rodríguez Arizmendi** El viernes 20 de octubre del 2023, se llevó a cabo la tercera conferencia del Seminario de Políticas Públicas Territorios y Diversidad, con el tema Desarrollo de Territorios Inteligentes Sostenibles, impartido por la Mtra. Ledénika Méndez del CEAP, FCPyS UNAM y comentada por el Mtro. Antonio Barragán de la ENES Mérida-UNAM. La Mtra. Mackensie mencionó las implicaciones del contacto con la tecnología digital actualmente, y la importancia de comenzar a emplearla en las comunidades rurales como estrategia para mejorar la calidad de vida de estas poblaciones. En el 2022, más del 60% de la población mundial ya contaba con acceso a internet, del cual casi el 70% era por medio de dispositivos móviles. En el caso de México según la ENDUTIH 2022, la población con acceso a internet fue de 93.1 millones de personas y sus principales usos eran de comunicación, acceso a redes sociales y entretenimiento. El objetivo de formar comunidades inteligentes, ya sean urbanas o rurales, es que por medio de la tecnología se puedan impulsar sus actividades económicas y sociales, con sistemas tecnológicos y humanos. Esto permitiendo crear una infraestructura digital que respalde la gobernanza local. Es importante impulsar el desarrollo tecnológico de los territorios rurales, ya que suelen enfrentar situaciones adversas con herramientas limitadas y sin apoyo. Con la implementación de las herramientas tecnológicas se puede cumplir el objetivo de la integración de una manera más sencilla y eficaz, beneficiando de manera igualitaria a los usuarios. Ejemplo de ello es el programa “Aldeas Inteligentes, Bienestar Sostenible” en México a cargo de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, está presente en 16 estados, con 75 aldeas en total. Por otra parte, el Mtro. Barragán comentó la importancia de llevar a cabo los cambios gerenciales y en la forma de trabajo al momento de querer mejorar estos procesos; así mismo el reto que representa el exceso de información que nos rodea actualmente para poder distinguir lo que es verdad de lo que no. De igual forma, resaltó la importancia de tomar en cuenta que, así como se busca impulsar las actividades de una comunidad, se tiene que encontrar su nicho de mercado para que el proceso no se vea entorpecido. Para finalizar, la Mtra Ledénika, hizo énfasis en la importancia de la empatía al momento de elaborar estos planes, para que se puedan hacer con un enfoque de las necesidades locales del momento; así mismo resaltó cómo volver la tecnología accesible puede ayudar a integrar a los grupos más aislados para que comiencen a incorporarse a todos los ámbitos de la vida contemporánea. Consulta la sesión en: *Reseña realizada con el apoyo del proyecto PAPIME PE300623 “Laboratorio de políticas públicas conenfoque territorial.**Benjamín Rodríguez Arizmendi es alumno de la Licenciatura en Geografía Aplicada, asignatura: Planeación y Administración Pública.

17 abril, 2022 0

Primeros acercamientos al patrimonio

Por: Paloma Fernanda Valdez Ayala* Con el paso del tiempo, los seres humanos creamos conceptos y significados de aquello que nos rodea para trazar un entramado que dote de sentido la vida que compartimos en sociedad, así como nuestro actuar y nuestras relaciones con otros seres humanos, e incluso con otras formas de vida en el mundo. Sin embargo, este proceso mediante el cual asignamos valores a nuestro ser/quehacer no es inocente y mucho menos arbitrario, pues en dicho trabajo de significación no solo determinamos quiénes somos y qué compartimos como colectividad, sino que también excluimos y enmarcamos nuestras diferencias con lo que vemos como ajeno o no representativo de nuestra forma de vida y, por lo tanto, de aquellas personas que no comparten las mismas concepciones del mundo. Hoy es bien sabido que, ya sean “ellos o nosotros”, todos generamos y creamos sentidos comunitarios de identidad a través de determinados valores, usos, costumbres, tradiciones, que se ven materializados en símbolos como monumentos, edificios, literatura, creaciones artísticas y artesanías, por mencionar algunos que, en su conjunto, pueden lograr conformar un llamado “patrimonio cultural” a través del tiempo. No obstante, con los afianzamientos de los Estados nacionales entre los siglos XVIII XIX regidos por mecanismos colonialistas y patriarcales que suelen auxiliarse de una narrativa histórica moderna y eurocéntrica, no se ha velado por la construcción de sentidos diversos de identidad y, por lo tanto, de sus manifestaciones, ya sean materiales o inmateriales. Es posible dilucidar esto en el breve recuento histórico sobre la construcción del concepto de patrimonio cultural en el texto El patrimonio cultural: conceptos básicos (Cuetos, 2011),  en el cual se evidencia que la discusión con respecto a dicho concepto se llevó a cabo del otro lado del mundo (en el continente europeo). Por consiguiente, el lenguaje y los estándares con los cuales fueron elaboradas las legislaciones y nociones “internacionales” sobre el patrimonio cultural, corren el riesgo de ser descontextualizadas en lugares como Latinoamérica, con sus historicidades tan particulares por el devenir de sus culturas y civilizaciones. Incluso en la obra citada, cuando se mencionan los detractores del “vandalismo” infringido durante la Revolución francesa, se hizo explícito conservar “estatuas o tumbas, que hicieran referencia a la historia nacional y fueran testimonio del pasado común de Francia” (Cuetos, 2011), situación que, si se contextualiza en México, lleva a la pregunta: ¿quién realmente puede hablar de un pasado común mexicano? (o incluso latinoamericano). Para establecer su identidad y separarse de España, nuestro país necesitaba delimitar lo propio, lo cual involucra el paulatino proceso de producción de lo que lxs mexicanxs consideramos como patrimonio, en tanto, se recurrió a lo evidentemente contrario a España: el pasado indígena, pero no el indígena vivo, sino las grandes ciudades patrimoniales y monumentales, lo que inevitablemente nos conduce a perpetuar la falsa idea de que patrimonio es solo aquello que se encuentra al servicio del Estado y sus narrativas nacionalistas excluyentes, pues este es el que nos indica cuál es el supuesto pasado prehispánico común que compartimos y que nos hace ser, ya sea que en verdad nos represente, o no, priorizando una cuestión mercantilista y una visión esencialista del patrimonio cultural y de la propia cultura. Esto, dejando de lado la agencia de las colectividades e individuos en sus ecosistemas como parte de una construcción más comunal de lo que nos representa, de lo que queremos o deseamos preservar en el tiempo, lo que genera no solo una desvinculación de las comunidades con sus territorios, practicas o actividades, sino que lleva a concebir, como “exclusiva” del Estado, la labor de preservar, cuidar y determinar el valor del patrimonio cultural. Es por ello vital recordar la pertinencia de combatir la “univocalidad” del patrimonio; es decir, esa idea de que el patrimonio es solo uno y que se relaciona únicamente con el Estado que lo resguarda. Hay que tener presente que los patrimonios también se viven y se practican por las comunidades y personas que les son significantes, y que estos no son fijos e inamovibles, sino que, por el contrario, tan diversas y versátiles son las sociedades como sus fluctuantes culturas y, de esta manera, sus patrimonios. Fuente consultada Cuetos, M. P. (2011). El patrimonio cultural: conceptos básicos. Zaragoza: Prensas Universitarias de Zaragoza. *Graduada de la carrera en Desarrollo y Gestión Intercultural, ENES-Mérida, especializada en el área de Patrimonio Cultural.