Internet como herramienta: hacia una erradicación de los rastros adultocéntricos

Internet como herramienta: hacia una erradicación de los rastros adultocéntricos

3 mayo, 2022 0
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Por: Paloma Fernández Valdez Ayala*

Desde hace un tiempo, he desarrollado un profundo desagrado por utilizar el malbaratado término “niñerías” para referir a cualquier conocimiento, pensamiento, o manifestación de existencia que no sea “racional” o que vaya en contra de la reducida versión adulta de lo que es y cómo debe ser pensada, sentida o vivida la realidad.

Es decir, la “niñez” ha sido configurada no solo como una línea entre “los otros” más jóvenes que las personas adultas, sino que también es utilizada para designar aquello que es “ingenuo”, “tonto”, “desinformado”, “inocente” y no real dentro del pensamiento abismal adultocentrista. Pero ¿a qué se refiere este pensamiento abismal?

Para comprender un poco acerca de los pensamientos centristas (que, para el caso específico de este ensayo, me referiré a uno en específico) es necesario consultar a Boaventura de Sousa Santos cuando nos dice que:

El pensamiento occidental moderno es un pensamiento abismal. Este consiste en un sistema de distinciones visibles e invisibles, las invisibles constituyen el fundamento de las visibles. Las distinciones invisibles son establecidas a través de líneas radicales que dividen la realidad social en dos universos, el universo de “este lado de la línea” y el universo del “otro lado de la línea (de Sousa, 2009).

Claramente, cuando hablamos del pensamiento que rige el mundo, es aquel adulto “objetivo”, “maduro”, “racional”, “experimentado” y “real” (por no dejar de lado masculino, blanco, rico, heterosexual, cisgénero), y que, tal como lo hace la ciencia dicotómica moderna, se ha construido de tal manera que ilusoriamente tiene el monopolio del correcto pensar y el poder de decir quién es epistémicamente pertinente, o no, para opinar, ver o hablar sobre conocimiento (destruye en cuanto construye).

Es decir que el universo del que parte o se categoriza qué existencia o conocimiento importa en el mundo es el pensamiento abismal adulto, y aquellas distinciones invisibles que utiliza para decir que la “línea de este lado” (la línea adulta abismal) es la más óptima para conocer y hablar sobre el mundo, es cuando, por ejemplo, ante cualquier hecho social, se desplazan las opiniones jóvenes, las que las infancias podrían poseer, al apuntar que lxs niñxs “son inocentes y no saben lo que está ocurriendo”.

Es más, desde la “sacralización” que lxs conceptualiza como “seres inocentes, puros y sin malicia” (ya que suele aparecer como un elemento que raramente se cree concebido como necesario en el pensamiento “maduro adulto”), se les aparta de la oportunidad de ser concebidxs como personas actuantes y con agencia, que no se encuentran del otro lado de la línea, sino que comparten el universo en que las personas adultas han insistido hacerlos ver como “extrañadxs”.

Cabe recalcar que lxs niñxs del mundo son parte importante de sectores vulnerados que sufren diversos tipos de violencia, como la física y la emocional (solo por mencionar algunas), sin embargo, ¿qué hay de la violencia epistémica?

Cuando a las infancias se les convierte en “lo otro”, como aquello que está contrapunteado o peleado con el ser adulto, y se prioriza la existencia adulta como el punto cúspide del crecimiento o desarrollo de las personas, caemos en lo que Boaventura llama la “no existencia”, lo que significa “no existir en ninguna forma relevante o comprensible de ser” (de Sousa, 2009), que trae como consecuencia que la no existencia (aquellas formas de vida que no son adultas) sea radicalmente excluida (como lxs niñxs en la sociedad).

Pero no solo basta con saber y ser “conscientes” de que se escoge una exclusión epistemológicamente sistemática, sino que nuestra tarea tendría que dirigirse a entender la razón de dicha marginación. Una de las hipótesis que en mí surge, es que nuestras primeras formas de existir, que es ser niñxs, rechazan las certidumbres del mundo. Como dicen Humberto Maturana y Francisco Varela (1984): “Tendemos a vivir en un mundo de certidumbre indisputada. Lo que nos parece cierto, no puede tener otra alternativa”. Y es bien sabido que las infancias generalmente tienen “varios montones de dudas” sobre lo que nos rodea y, muchas veces, confrontar la seguridad ontológica (aquella que te dicta que el mundo es tal cual es y como te han dicho que es) puede llegar a ser muy complejo para las personas adultas, que tratan de distanciarse cada vez más presurosamente de su ser niñx. Si puede haber una certeza, es que nacemos con la convicción del no saber, por eso constantemente preguntamos: ¿qué más hay? Negar la existencia de esas preguntas es negar la existencia de quienes preguntan, y no hay algo más violento que la convenida desaparición de la experiencia existencial que complejice aquello que llamamos la realidad.

Pensarnos como niñxs conociendo el mundo, nos da la oportunidad de “volver a nosotros mismos” (reflexionar), de reconocer que nuestras certidumbres y conocimientos son tan abrumadores y al mismo tiempo tan tenues como las de otros (Maturana y Varela, 1984), que resultan ser más que una expresión o un reflejo de la construcción de un “nosotros”. Lxs niñxs son una irrupción de certidumbre y convicción de no miedo a la subjetividad que reta lo que ha sido establecido como único-real y, me permitiría decir, que son una de nuestras expresiones existenciales más complejas.

Alteridad infantil internauta

A lo largo de este texto he descrito de qué manera suele ignorarse la existencia epistémicamente relevante de lxs niñxs, no obstante, algo que no puede ser perdido de vista, es que, cuando la existencia del otro es negada, también se le priva de manifestaciones adecuadas de vivir en la sociedad. Me refiero, por ejemplo, a lo que sucede en los medios de comunicación. Por alguna extraña razón (que ya no es tan extraña cuando es contemplada desde el punto de vista abismalmente adulto), los contenidos que se generan para el sector infantil en su mayoría parecen ser diseñados por personas que obviamente corresponden a los ideales mercantiles y de consumo que elaboran solo “fórmulas exitosas”, sin calidad pero lo suficientemente atractivas para ser consumidas en masa.

Parte de ofrecer y generar una dignificación de existencia consiste también en brindar contenidos que muestren a las infancias como lo complejas que son en su existir. Es por eso que, a mi parecer, hay cada vez más niñxs que buscan en internet la forma de crear sus propios contenidos.

Claro que la web tiene sus peligros, pero aquí hablamos de verla como un medio para crear en clave “procomún”: de niñxs para niñxs. Muchas veces, las personas adultas suelen responsabilizar a internet por la supuesta “desconexión” de las infancias con el entorno social, sin ver que realmente estas pueden recurrir a internet como un medio para desdibujar las líneas que el adultocentrismo ha dibujado y que las han transformado como “lo otro”. Tal vez, y solo tal vez, lxs niñxs son conscientes de que han sido trazadxs como una otredad pasiva en el medio social, y en internet encuentran la existencia simultánea con aquellxs que de otra forma parecen distantes.

Como diría de Sousa Santos: “La idea de la complejidad es una aventura. Diría incluso que no podemos intentar entrar en la problemática de la complejidad si no entramos en la de la simplicidad, porque la simplicidad no es tan simple como esto”, lo cual corresponde al hecho de que lxs niñxs no solo tienen activa la capacidad de asombro, que parece perdida en la adultez, sino que logran comprender la inmensa complejidad de las “cosas simples”.

Debemos aprender a hacer más “niñerías”; debemos aprender a ser complejos, a buscar otros espacios para generar conocimiento que sirva para conectarnos cada vez más. Tenemos que empezar a complejizar la “simplicidad” y preguntar constante y curiosamente: “¿¡Por qué!?”.

Fuentes consultadas

Ibáñez, T. (2005). Argumentos relativistas. Contra la dominación. Variaciones sobre la salvaje exigencia de libertad que brota del relativismo y de las consonancias entre Castoriadis, Foucault, Rorty y Serres. Barcelona: Gedisa.

Maturana, H. y Varela, F. (1984). El árbol del conocimiento. Las bases biológicas del entendimiento humano. Santiago: Editorial Universitaria.

Morin, E. (2004). La epistemología de la complejidad. Gazeta de Antropología, 20.

Sousa Santos, B. de (2009). Más allá del pensamiento abismal: de las líneas globales a una ecología de saberes. Una epistemología del sur. México: Siglo XXI/Clacso.


*Alumna de la Licenciatura en Desarrollo y Gestión Interculturales, ENES-Mérida.