Categoría: Opinión

16 diciembre, 2024 3

Vagones Cargados con “Progreso y Desarrollo”

Por: Derek Alejandro Araujo Losa* De pequeño, una pregunta que me hacía a mí mismo a menudo era: “¿Cómo crees que será el futuro?”. Yo me imaginaba algo, valga la redundancia, futurista. El concepto típico que viene a la mente, implantado por las películas de ciencia ficción de Hollywood: autos voladores, grandes rascacielos blancos con cristales, robots humanoides… Conforme fui creciendo, mi respuesta se volvió cada vez menos específica, hasta el punto en el que solo respondía: “Con más tecnología para todos”. Sin embargo, hace poco, en una clase, nos hicieron una pregunta distinta. En lugar de responder libremente a nuestro concepto de cómo imaginamos el futuro, nos cuestionaron: “¿Es siempre bueno el desarrollo?”. Teníamos que ponernos de un lado u otro del aula según nuestra opinión. Casi todos se pusieron del lado izquierdo –no estaban de acuerdo–, otros se ubicaron en el centro –estaban algo de acuerdo–, y yo fui el único que se colocó, sin duda, hasta el extremo derecho; para mí, el desarrollo era siempre bueno. La profesora se sorprendió con mi respuesta y me preguntó el porqué. Me expliqué con lo que, más tarde, descubriría que tenía un nombre: postdesarrollo. Antes de que hablara, mis compañeros señalaron que no siempre era bueno. Dijeron algo como: “El desarrollo puede propiciar la pérdida de usos y costumbres de culturas y afectar de forma negativa a comunidades indígenas que no quieren que ese desarrollo llegue y les cambie su modo de vida”. Ante esto, respondí: “Bajo mi concepto de desarrollo, no solo se trata de lo material y tecnológico, también lo social. Una sociedad desarrollada sabría cómo introducir nuevas tecnologías sostenibles para mejorar la calidad de vida de todos, sin poner en riesgo los usos y costumbres de los pueblos originarios, respetando su integridad y cultura”. Este concepto que tenía en mi mente es muy parecido a lo que, un mes después, leería como la definición de postdesarrollo: “revalorización de las culturas vernáculas, la necesidad de depender menos de los conocimientos de expertos y más de los intentos de la gente común de construir mundos más humanos, así como cultural y ecológicamente sostenibles” (Escobar, 2009, p. 20). En otras palabras, cuidar y valorar las culturas originarias, tomando en cuenta sus conocimientos e incluyéndolos en los saberes de la academia, manteniendo un equilibrio no solo en términos de progreso económico o tecnológico, sino también social y cultural. Cuento esto con el fin de demostrar que empatizo de forma muy grande con la propuesta del postdesarrollo que presenta Escobar (2009). Me parece que, al hablar de desarrollo y progreso, se dejan de lado los temas sociales, usando métricas únicamente económicas y tecnológicas para medir los “logros y avances”. Esto omite los conocimientos ancestrales y la estabilidad social, incluso arrollándolos, con el fin de imponer “orden y progreso”. En el documental El tren y la península se habla de cómo, a los pueblos originarios que se verán afectados por la construcción del Tren Maya, se les dice que este es un proyecto necesario, pues traerá “desarrollo a la región”. Curiosamente, cuando se habla de desarrollo para defender este megaproyecto, se emplean ideas muy similares a la teoría de la dependencia. Una teoría que Escobar (2009) señala como perteneciente a los años 60 y 70, hace más de 50 años. Los defensores del proyecto argumentan que traerá inversión económica a la región y que esta podrá desarrollarse por sí sola, asumiendo que depende de otras. Mientras tanto, Escobar (2009) señala que “las raíces del subdesarrollo se encontraban en la conexión entre dependencia externa y explotación interna” (p. 18), una visión que coincide perfectamente con los argumentos a favor de este megaproyecto. Por otro lado, los miembros de estas comunidades responden con una pregunta sencilla, pero que los defensores del “desarrollo” no pueden responder: “¿Y nosotros, para qué queremos este ‘desarrollo’, si ya vivimos felices?”. Una frase que me impactó fue la de un señor mayor en el filme, algo así como: “El campesino es un rey. Vive como un rey: se despierta temprano, va unas horas a la milpa, recolecta su cosecha, llega a su casa y su mujer ya tiene comida lista en la mesa. El resto del día lo aprovecha para estar con su esposa e hijos, descansar y andar un rato en el monte, en la naturaleza. ¿Sí o no es un rey?”. En estas comunidades se vive un claro postdesarrollo: son autosuficientes, viven en paz, no requieren ayuda externa, pero son repudiadas por el resto porque “no aportan nada, solo dependen de nuestros recursos”. Desde una visión capitalista, su autosuficiencia es un obstáculo para empresas y gobiernos: no generan riqueza económica, lo que las pone en desventaja. Por eso, proyectos como este se imponen a la fuerza, obligando a las comunidades a generar riqueza mediante la creación de necesidades inexistentes. Finalmente, las comunidades postdesarrolladas en territorio maya son un ejemplo a seguir. Cubren sus necesidades, son felices, independientes, sustentables y sostenibles. Sin embargo, requieren ayuda para evitar que este balance sea perturbado por los intereses de empresas privadas y gobiernos. Aunque son resilientes y han enfrentado injusticias antes, cuando el opresor es tan fuerte, cualquier ayuda es bienvenida. Ahora así me imagino el futuro: con comunidades autosuficientes, independientes y resilientes, que integran el conocimiento académico y ancestral. Este es mi nuevo concepto de desarrollo: social, tecnológico, económico y ambiental. Referencias Richards, S. y Kruger, A. (Directores). (2023). El tren y la península. Dos Tohs, Mutual Aid Media. Escobar, A. (2009). El «post-desarrollo» como concepto y práctica social. Políticas de economía, ambiente y sociedad en tiempos de globalización, pp. 17-31. *Derek Alejandro Araujo Losa es alumno de la Licenciatura en Ciencias Ambientales (1er semestre)

13 diciembre, 2024 0

Mi experiencia Erasmus

Por: Carolina Martínez Santiago* Soy estudiante de séptimo semestre de Geografía Aplicada y actualmente me encuentro en Alicante, España, realizando un semestre de movilidad internacional.Poder concretar mi proceso de movilidad internacional ha sido uno de los mayores retos en toda mi vida. Fueron meses de mucha incertidumbre, pero llegar hasta aquí me hizo sentir que todo mi esfuerzo había valido la pena y que lo más difícil ya había pasado, solo que me equivoqué, lo más difícil estaba por llegar.Al inicio todo era nuevo para mí y creía que solo necesitaba unos días para adaptarme a la vida en esta nueva ciudad. Solo que esos días, se convirtieron en semanas. Las clases avanzaban y yo seguía sin entender el contexto histórico y geográfico de los temas y en ocasiones, ni siquiera era capaz de entender un idioma que se supone que hablo. Además, había veces que tenía que pedir a los profesores que hablaran en castellano porque están acostumbrados a impartir las clases en valenciano y no había manera de que yo entendiera eso. Me sentía muy frustrada y como si no supiera nada de geografía.Esto no solo ocurría en el aspecto académico, sino en mi vida diaria. Empecé a extrañar todo. Es una cultura totalmente diferente en donde la gente no es igual de cálida que en México y al principio me parecían hasta groseros, aunque con el tiempo descubrí que solo son muy directos. La comida cada día me gustaba menos y me sentía sola, aunque siempre conté con el apoyo de muchísimas personas que aún en la distancia, sé que me acompañan.Afortunadamente, esto cambió unas cuantas semanas después. Entendí que no es que no supiera nada de geografía, solo necesitaba de unas cuantas herramientas más para poder aplicar lo que ya sabía, en otro contexto geográfico. Además, fui conociendo personas que se han vuelto mis amigos y han hecho mi estancia muy divertida, así como a profesores que me han tenido bastante paciencia y entienden que hay algunas cosas y lugares con las que no estaba familiarizada anteriormente. Incluso, hay ocasiones que me piden que haga aportaciones a las clases y les hable de México y sus dinámicas en la geografía, entre otras cosas.Una de mis partes favoritas de esta experiencia, han sido las salidas de campo, pues me han permitido conocer lugares increíbles, comprender mejor los conceptos teóricos y tener una convivencia muy amena con mis compañeros y profesores.La verdad es que, aunque al principio esta experiencia pudo parecer un poco decepcionante y en ningún momento ha sido fácil, entendí que por eso vale la pena, pues me he demostrado a mí misma que soy capaz de adaptarme a nuevos entornos académicos, pero también de mi vida cotidiana.Sé que el reto aún no termina y es una gran responsabilidad representar a mi universidad, pues solo basta con decir su nombre para causar asombro en las personas, pero si analizo la manera en que he crecido y me he esforzado, considero que me puedo sentir digna de ser Geógrafa Aplicada de la UNAM ENES Mérida en la Universidad de Alicante. Carolina Martínez Santiago es alumna de Geografía Aplicada en la ENES-Mérida*

31 marzo, 2023 0

Vacaciones y sostenibilidad. Construyendo otros modelos de turismo

Por: Ana Claudia Nepote* Las vacaciones de primavera o semana santa están ya a unos días de iniciar y esto, me da la oportunidad de pensar nuestras propias prácticas turísticas y la relación que estas tienen con la sostenibilidad ¿es posible viajar de manera sostenible? Para ser honesta, desde que tuve la oportunidad de viajar, me encanta hacerlo. En los viajes que realizo, descubro nuevas posibilidades de interpretar y comprender el mundo que cohabitamos los humanos, es una oportunidad para llenarse de asombro ante nuevos paisajes, sabores, culturas y costumbres. Existen muy diversas formas de viajar a escalas cortas, tanto en tiempo como en distancia, o a mayores escalas como los ciclos viajeros que pueden pasar meses o incluso años recorriendo caminos a vuelta de pedal sólo con el impulso de su propia energía. El 29 de marzo concluyó el Tianguis Turístico México, considerado como el evento más relevante del sector turístico de nuestro país. Este tianguis suma ya 47 ediciones. Es un evento dirigido a profesionales, un foro de negocios basado en citas preestablecidas entre compradores y expositores en el que se refrenda a nuestro país como un destino turístico de excelencia a nivel nacional e internacional. Pero claro con los estándares tradicionales de este sector. Por ejemplo, el turismo es una de las actividades socioeconómicas más importantes en muchos países. La organización mundial del turismo indicó que en 2015 se realizaron 1,186 millones de viajes internacionales que generaron 1,260 mil millones de dólares. La tendencia de desarrollo y crecimiento en este sector se debe a múltiples factores: económicos, políticos, tecnológicos, culturales y sociales. El turismo ha sido, y en cierta medida sigue siendo, una actividad llena de esperanza. Una de las grandes promesas del turismo es la creación de empleo o el incremento de la actividad productiva, son referencias a una prometida prosperidad. En realidad estos empleos ofrecen condiciones muy inestables, salarios injustos y al final las personas locales terminan siendo mano de obra barata y explotada en vez de que sean ellas mismas quienes emprendan iniciativas turísticas basadas en sus culturas, formas de vida e intereses. Los enfoques sobre las prácticas de Turismo comenzaron a cambiar durante la década de los noventas. En aquel entonces el Consejo de Europa y la Organización de las Naciones Unidas comenzaron a promulgar recomendaciones para impulsar prácticas turísticas más respetuosas con los bienes comunes naturales. Así hoy, existen diversos términos para referirnos al Turismo. Seguramente hemos escuchado o practicado el ecoturismo, el turismo de aventura, el turismo cultural, el turismo de naturaleza o el turismo en áreas naturales. Incluso, también existe el turismo científico. Actualmente el turismo opera bajo un modelo alternativo que representa otra forma de hacer turismo en el que se busca generar reencuentros y reconexiones entre los seres humanos y la naturaleza. Y por lo tanto, me gustaría hacer énfasis en el Turismo Sostenible, que, de acuerdo con la Organización Mundial del Turismo, se identifica como aquel turismo que pretende satisfacer las necesidades de los turistas así como la de los destinos turísticos, protegiendo e incrementando las oportunidades de futuro, gestionando los recursos de manera que las necesidades económicas, sociales y estéticas puedan satisfacerse mientras se mantienen la integridad cultural, los procesos ecológicos esenciales y la diversidad biológica de los sistemas de vida. Una definición más concreta para comprender el concepto de turismo sostenible sería aquél que busca lograr una inclusión social, la justicia económica, la conservación del patrimonio biocultural y la regeneración de la naturaleza. Algunos de los principios prioritarios en la práctica de un turismo sostenible son: Lo anterior contrasta con el turismo convencional de sol y playa, que a la vez es la etiqueta internacional de México ante el mundo por las playas y la gastronomía. Pero ¿Cómo podemos distinguir el turismo convencional de uno más adecuado a los principios de sostenibilidad? El turismo convencional se identifica por tener muchos viajeros en pocos lugares. Pocos dueños y foráneos (las personas nativas o locales pasan a ser empleados y muy rara vez dueños), y mucho dinero pero en pocas manos (que ya está probado que es un modelo de negocios caduco y no justo con las economías locales) (Tomado de la estrategia México Sostenible 2030). En contraste, el turismo sostenible se caracteriza porque las personas que lo realizan se preocupan por la preservación de la naturaleza y también cuida la capacidad de carga del lugar, y se evita a toda costa llevar bocinas y ruido estruendoso a los ecosistemas que se visitan. Otra característica de este turismo es que pueden existir muchos dueños locales y el dinero es repartido entre muchas familias, esto es, todos ganan y se favorece la creación de un modelo de Economía Circular y esta interacción también se basa en solidaridad. Incluso a nivel nacional contamos con un documento llamado México Sostenible, que es una estrategia enfocada a objetivos a lograr dentro de 7 años, para el 2030. Esta estrategia fue publicada durante los años de pandemia, en 2020 y es el resultado de un ejercicio colaborativo entre Organizaciones de la Sociedad Civil, Gobierno, Organizaciones Internacionales, Empresas, pueblos indígenas y comunidades locales, academia, inversionistas y desde luego viajeros. Según este documento, nuestro país se ubicó, en el 2019, en el lugar número 108 en sostenibilidad turística a pesar de la riqueza biocultural que nos caracteriza. La Estrategia de Turismo Sostenible identifica algunos pilares clave para lograr la transformación hacia situarnos o identificarnos como líderes en turismo sostenible. Esos son: Creo que con este contexto, podemos comenzar a tomar esto en consideración para tratar de ser más responsables como viajeros, viajeras y elegir destinos, proyectos y colectivos/empresas que permitan un beneficio mutuo. Nosotros como visitantes, favorezcamos las economías locales y valoremos más la riqueza de las comunidades y culturas. Ciencia Moloch te invita a visitar: https://www.viajaturismocomunitario.com/aptc  *Ana Claudia Nepote es profesora en la ENES-Morelia. Es Maestra en Ciencias en Ecología Marina en el Centro de Investigación Científica y de Educación Superior de Ensenada, Baja California, México y colabora con la sección Inventario…

20 febrero, 2023 0

El Edén subvertido: una explicación económica a cuestiones sobre la literatura

Por: Luis Andrés Calderón Euan* Capitalismo: Juego de azar donde se sabe de antemano quiénes pierden.|| 2. Único camino posible hacia ninguna parte.Trabajador: En la jerga empresarial, material reciclable.Trabajo: Aunque no lo parezca, antónimo de explotación.Andrés Neuman, Barbarismos. El presente ensayo nace de una ponencia impartida en el VIII Coloquio UNAM en la Península, que se llevó a cabo del 16 al 18 de noviembre de 2022 en Mérida, Yucatán. En ella problematizaba la lectura de dos novelas yucatecas, Canek (1940) de Ermilo Abreu Gómez y La tierra enrojecida (1951) de Antonio Magaña Esquivel, con el objetivo de entender la forma en la que se representaba la lucha de los pueblos originarios mayas contra su explotación para el campo y la hacienda a través de un personaje histórico protagónico de cada una de las obras. Sin embargo, encontré un punto en común con ambas y fue la similitud de las historias, ambientes y situaciones que retratan, a pesar de la brecha temporal entre ellas. De principio mi hipótesis giró más a una cuestión de estilos literarios, novela histórica e indigenista, pero encontré un punto mucho más interesante, en la que esa similitud se explica a través de la historia del capitalismo en América. El objetivo de estas disertaciones es desarrollar la hipótesis de que las novelas antes mencionadas tienen una similitud de tramas que se explica mejor con la historia económica y la sociología que con la literatura. Para ello, en un primer apartado explicaré el contexto histórico de Yucatán durante la colonia y a inicios del siglo XX. En un segundo momento explicaré las novelas para terminar usando el concepto de “acumulación originaria” y la crítica que hace Agustín Cueva a los inicios del capitalismo mexicano. Agrego un último momento, a manera de colofón, donde exploro la idea del edén subvertido con la idea de socialismo andino de Mariátegui. Breve, brevísima historia de Yucatán. Historia: s. Relato casi siempre falso de hechos casi siemprenimios producidos por gobernantes casi siempre pilloso por militares casi siempre necios.Ambrose Bierce, El diccionario del Diablo. La península de Yucatán se encuentra ubicada al sureste de la república mexicana. En la época prehispánica fue habitada por poblaciones mayas en el periodo clásico y postclásico.Durante la Conquista de América sirvió para viajes de exploración e intentos de conquista desde 1517, cuando una expedición a manos de Francisco Hernández de Córdoba zarpó desde Cuba, llegó a Isla Mujeres y fue repelido por un ataque de los pobladores. Ante el intento fallido de adentrarse a tierra firme, continuaron navegando por las costas yucatecas donde se les trató de igual manera, con repetidos ataques. La expedición no regresó completa, tuvieron que abandonar una de las naves y con demasiadas bajas. Ahí se inicia una serie de expediciones difíciles que dieron al pueblo maya la imagen de hosco e intratable. La conquista de la península no se realizó en un periodo específico de tiempo, pues fueron múltiples las victorias españolas que tuvieron que defender en más de una ocasión, ya que los indígenas, una vez derrotados, se alzaron en armas nuevamente. Algunos historiadores dieron el año de 1546 como el de la victoria europea, y otros hasta 1697.A partir de la llegada de los españoles se iniciaron actividades de explotación económica donde se usó mano de obra maya y africana traída desde Cuba, ya que no era posible la minería, se concentraron en la agricultura. La principal forma de explotación se le llama “encomienda”. Consistía en la repartición de sectores de tierra a caciques mayas, los cuales tenían la obligación de explotar la tierra con mano de obra indígena y pagar un tributo, económico o en especie, a cambio de que las autoridades respetaran su autonomía. Sus inicios se remontan durante la estancia de Hernán Cortés durante el proceso de conquista en el centro del país, y a partir del 1540 en Yucatán, principalmente por Francisco de Montejo (Machuca Gallegos, 2016). Estos años no significan la extinción del pueblo maya ni su derrota final, pues vendrían dos acontecimientos más de rebelión indígena. En 1761, en el pueblo de Cisteil, cerca de Sotuta, en el actual territorio de Yucatán, Jacinto Uc de los Santos, adoptaría el nombre de un príncipe maya, Canek, para iniciar una rebelión en contra de los españoles que dominaban la región. Contrario a lo que podría resultarnos una evidente causalidad, existe la teoría de que los grupos mayas no pelearon para tener el control, sino para cambiarlo. Para entender este punto debemos tomar en cuenta la naturaleza cíclica del calendario maya que establece que cada cierto tiempo (katún) el mundo deberá renovarse y adoptar a otro dios, o figura de autoridad. Por lo que no hablamos de un proyecto que buscara la eternización ni elfin último de su sociedad, simplemente un cambio. En este sentido, el pueblo maya no obedece a una lógica occidental, sino propia. Este hecho se verá refrendado en la Guerra de Castas, especialmente en su final, cuando los rebeldes ya estando a punto de tomar la capital del Estado, Mérida, se retiraron a los campos a trabajar la tierra. Ante esta visión, debemos tener en cuenta que lo que se analiza aquí no es la historia en sí, sino la interpretación literaria e intelectual que se hace de ella. Para analizar el segundo caso referido, debo ahondar en el periodo revolucionario en Yucatán. El sureste mexicano en general brilla por su ausencia en la historia de la Revolución mexicana, esto no significa que no tuvo repercusiones, pues podemos notarla con la presencia de Tomás Garrido Canabal en Tabasco o Salvador Alvarado y Felipe Carrillo Puerto en Yucatán, será justo de este último de quien nos ocuparemos.La Guerra de Castas no logró derrumbar las estructuras económicas de su tiempo, por lo que a inicios del XX, el territorio dependía principalmente del comercio henequenero producido en haciendas a cargo de un grupo de terratenientes que daban asilo a sus trabajadores, obligándolos a vivir y trabajar ahí. Los bajos salarios servían para mantener a sus…

17 noviembre, 2022 0

¿Fútbol moderno o fútbol rebelde?

Por César Guzmán Tovar* Boicot Qatar 2022 “Boicot Qatar 2022” ha sido una expresión recurrente en los estadios de fútbol alrededor del mundo durante los últimos días. Este clamor es un llamado a los seguidores del fútbol, pero también a la sociedad en general, para prestar atención sobre cómo un Mundial de Fútbol puede ser la cortina de humo en un país donde se ha hecho evidente el autoritarismo, la corrupción, la violación de los Derechos Humanos, la marcada inequidad de género y la esclavitud contemporánea. Hinchas del Borussia Dormunt en protesta por el mundial Qatar 2022 . Foto tomada de https://twitter.com/elforomdm El fútbol ha adquirido características propias del mercado capitalista, esto es, ha pasado de ser exclusivamente una práctica deportiva de orden mundial para adecuarse al modelo de la globalización capitalista. Los argumentos que sustentan esta afirmación giran alrededor de dos ejes: 1) la legitimación de la mercantilización de los futbolistas profesionales, y 2) la cuestión futbolera como un asunto político. La Fédération Internationale de Football Association (FIFA)1, más que ser una institución reguladora del deporte, actúa como una multinacional que pone su estructura mediática y financiera a servicio de los gobiernos para hacer alianzas lucrativas. Así, la FIFA   –esa terrible empresa multinacional– ha generado una simbiosis entre capitalismo y política con consecuencias nefastas para el fútbol y la sociedad. En términos sociales, la empresa ha sido cómplice de crisis humanitarias bajo una falsa e hipócrita idea de neutralidad política; en términos culturales, ha impuesto su visión eurocéntrica sobre cómo debe hacerse y vivirse el fútbol; en términos competitivos, ha producido una subjetividad deportiva que fabrica futbolistas-mercancías para el consumo masivo. La legitimación capitalista del fútbol profesional Existe una innegable relación entre el fútbol moderno2 y las ganancias del capital. Es verdad que esta dependencia ha existido casi desde los inicios mismos del fútbol (por lo menos desde su profesionalización), pero también es cierto que actualmente es cuando más estrecha y directa es dicha relación. Desde la segunda mitad de la década de 1990 del siglo pasado se empezaron a generar una serie de contrataciones y transferencias de jugadores a altas sumas de dinero, esto generó una mercantilización del deporte a nivel mundial y, consecuentemente, transformó las condiciones laborales de los futbolistas profesionales. El proceso de mercantilización se inició con la globalización mediática del deporte, pues con la transmisión de las diferentes ligas (europeas principalmente) se generó un movimiento de capital que permitió a los empresarios cerrar ostentosos negocios con las nacientes “estrellas” mundiales del fútbol. La promoción mediática de jugadores fue acompañada con merchandising hasta el punto de que los propios jugadores se convirtieron en marcas comerciales. La lógica mercantilista con la que fueron tratados los jugadores desde ese entonces empezó a generar grandes sumas de dinero a particulares y empresas privadas dedicadas al fútbol como negocio; y así el afán de la ganancia se impuso sobre la pasión por el espectáculo. Así, se legitimó sin mayores resistencias lo que hoy se conoce como “fútbol moderno”, un negocio multinacional que tiene tantas bondades como iniquidades. Imagen tomada de https://www.instagram.com/cizanaparatodos/ El fútbol es una mercancía administrada por unos pocos a la espera de ser consumida por multitudes en diversas formas, todas ellas ofrecidas como marcas registradas (boletería, transmisiones de televisión, ropa, wallpapers, y un sinfín de productos físicos y digitales). Aquí se pone de manifiesto la preponderancia del interés privado sobre el interés público en tanto que el fútbol, como asunto de entretenimiento, es volcado hacia la obtención de ganancias a través del consumo. Ya no se piensa en el fútbol como un momento de esparcimiento y de aprovechamiento del tiempo de ocio de las personas, sino como un negocio que debe generar gran cantidad de mercancías para ser consumidas cotidianamente. Se ha pasado de un espacio de generación de diversión a una industria de producción de capital, y esa transformación se ha legitimado por vía de una afectación en la subjetividad de los hinchas: se ha masificado una pasión incondicional por el equipo de fútbol, lo cual genera cambios en los estilos de vida de jóvenes y adultos en todas partes. El fútbol y la política Este segundo eje tiene que ver con el impacto de las políticas en el fútbol. En este caso se trata no sólo de las políticas públicas, sino también del fútbol como política, es decir, como materialidad que genera ciertas relaciones de poder y toma de decisiones a nivel colectivo. Sin duda, el hecho de que el fútbol se haya posicionado como una práctica importante en la producción de capital trajo como corolario su relevancia en los asuntos públicos de la sociedad. Sin embargo, dicha relevancia adquiere un carácter ambiguo en muchas sociedades pues, por un lado, se han generado dispositivos normativos y jurídicos para el control del fútbol profesional y de los espectáculos deportivos; por otro lado, sigue siendo evidente la ausencia de acciones concretas para la protección laboral y económica de los deportistas profesionales, especialmente de las mujeres futbolistas. En este sentido se puede hablar de una explotación y pauperización de la profesión deportiva por cuanto las burocracias y los empresarios del fútbol se benefician con el trabajo de terceros y terceras. En no pocas ocasiones las administraciones públicas también asumen como un asunto de interés público las actividades deportivas al servir como sedes de campeonatos o eventos internacionales. Las preguntas que surgen son: ¿cómo se justifica la inversión pública para la realización de un evento de privados?, ¿cuáles son los beneficios reales y concretos que quedan para las comunidades el hecho de realizar eventos deportivos de talla internacional?, ¿se asocia el deporte profesional al mejoramiento de la calidad de vida de los sectores socioeconómicamente desfavorecidos?, ¿la sociedad debe aceptar la realización de un campeonato que ha costado la vida de muchos trabajadores-migrantes por las malas condiciones laborales?  Las preguntas son relevantes y se tornan de interés público por cuanto las actividades deportivas afectan directamente a varios sectores de la sociedad. Estos y otros cuestionamientos se están empezando a…

18 octubre, 2022 0

Bruno Latour o el fin de las dicotomías

Por: César Guzmán Tovar* Ha muerto Bruno Latour. La partida del filósofo, antropólogo y sociólogo francés es un acontecimiento significativo para el pensamiento social de nuestro tiempo. No me refiero a que la muerte de Latour deje un vacío en las ciencias sociales como aquél que queda cuando las olas se retiran de la arena dejando la playa desnuda e impoluta –eso sería mitificar al individuo antes que reconocer su pensamiento–; me refiero, más bien, a que su muerte desplegará en el mundo académico debates sobre la potencia de sus ideas. Una nueva ola se erguirá sobre el océano de las ciencias sociales, ya no por su propia fuerza, sino por la de sus seguidores y críticos: Bruno, el actante humano, ya no está; pero no hay ningún vacío pues aún no ha llegado el tiempo para que el oleaje de sus ideas se retire definitivamente de la pléyade de las ciencias.  Los aportes de Latour a la comprensión de la producción de conocimientos científicos llegaron junto con la marea de los estudios de laboratorio que hacia finales de la década de 1970 él y otros científicos y científicas sociales generaron de manera independiente. Se había creado un nuevo método para explicar la construcción de los hechos científicos basado en el tradicional método etnográfico de la antropología. Si antes la ciencia era considerada como una acumulación de conocimientos establecida de manera lógica y racional, ahora se la veía, además, como un conjunto de prácticas que son configuradas culturalmente. Así, los laboratorios se convirtieron en el lugar por excelencia para estudiar la ciencia mientras se hace, lo cual significó un giro epistemológico y metodológico importante en relación con la tradición en la sociología de la ciencia y la filosofía de la ciencia que entendían las ciencias bajo la égida de las normas y valores institucionales autónomos y, en todo caso, como productos meramente cognitivos y no sociales. Con los estudios de laboratorio la observación in situ de las prácticas científicas llegó para quedarse. Así, Latour y sus colegas configuraron un hilo metódico que pronto se convirtió en hito para los estudios sociales de la ciencia y la tecnología. Hoy incluimos sus aportes en el cúmulo metodológico de nuestras propias investigaciones, vamos a los laboratorios y hablamos con sus protagonistas, entrecruzamos analíticamente la vida en el laboratorio con otros actores y espacios sociales que los atraviesan o los circundan. Heredamos ese movimiento y lo potencializamos (crítica o acríticamente) en nuestros propios contextos.  El mismo Latour fue, en su momento, crítico de este enfoque y decidió que los conceptos creados debían repensarse de manera sistemática. Así, junto con Michael Callon y John Law, emprendió un nuevo camino para generar una teoría más amplia que pudiera explicar no solo la generación de conocimientos científicos, sino también otras dinámicas socio-técnicas y socio-culturales; me refiero, por supuesto, a la Teoría del Actor-Red (TAR). No voy a profundizar en la TAR y sus aportes, pues mucho se ha escrito y se escribirá sobre esta teoría que ha sido debatida en amplios rincones del planeta. Quiero simplemente desplegar un elemento epistemológico que Latour movilizó a lo largo de su obra y que me parece que es de gran importancia para el pensamiento científico: el esfuerzo por eliminar las dicotomías. Hay algo que es seguro, y es que el antiguo papel de la “naturaleza” se halla completamente redefinido. El Antropoceno dirige nuestra atención hacia mucho más que una “reconciliación” de la naturaleza y la sociedad, en un sistema más grande que sería unificado por una u otra. Para obrar semejante reconciliación dialéctica, habría que haber aceptado la línea divisoria entre lo social y lo natural: el Míster Hyde y el Doctor Jekyll de la historia moderna […]. La división entre las ciencias sociales y naturales se han difuminado por completo. Ni la naturaleza ni la sociedad pueden entrar intactas en el Antropoceno, esperando ser tranquilamente “reconciliadas” (Latour, 2017: 140 y 141) Me he permitido transcribir esta extensa cita porque sintetiza la apuesta por poner fin al pensamiento dicotómico moderno. Cuando Latour escribe y piensa la naturaleza entre comillas lo hace porque está llamando la atención sobre el carácter cultural de dicha noción. Nuestra concepción de la “naturaleza” no puede significar lo opuesto a “sociedad”; y viceversa. Esta dicotomía (tal vez la más atávica de todas) se ha aferrado en el pensamiento y la cultura de muchas disciplinas científicas al punto de que la organización social de las ciencias se basa en dicha diferenciación: ciencias sociales y ciencias naturales. Pero esto se vuelve aún más problemático en cuanto se le adjudican identidades contrapuestas esas dos tipologías del conocimiento (como efectivamente sucede con el Doctor Jekyll y Míster Hyde): unas se piensan como ciencias “duras”, “exactas”, “transparentes” mientras que las otras no lo son (por lo tanto, y bajo esa dicotomía, debemos asumir que se piensan como “blandas”, “inexactas”, “oscuras”). Así lo recuerda cuando narra los inicios de la TAR: Si se comenzaba a dividir en dos ramas las perfectas narrativas de la producción de los hechos, que en realidad es un proceso continuo, se volvía simplemente incomprensible el desarrollo de cualquier ciencia. Los hechos son hechos –lo que significa exactos– porque son fabricados –lo que significa que surgen de situaciones artificiales–. (Latour, 2008: 133 y 134).  Lo que Latour quiere decir es que no es correcto hacer la distinción entre lo exacto y lo fabricado porque las ciencias (todas las ciencias, naturales y sociales) son construcciones que emergen de situaciones artificiales. ¿Puede haber algo más artificial en las prácticas científicas que un experimento en el laboratorio o una entrevista en una etnografía?  De esa dicotomía se ha derivado otra que ha marcado, en mayor o menor medida, la cultura y las prácticas al interior de las disciplinas científicas. Es la dicotomía entre lo “puro” y lo “aplicado”. En este caso, y para decirlo en breve, lo puro se vincula a lo teórico y lo aplicado a lo experimental. Y esto, entonces, nos lleva casi que subrepticiamente a esa diferenciación…

5 octubre, 2022 0

Mi conexión con la ética ambiental, con el estar y el sentir en la naturaleza

Por: Rashel Alexandra Tello Zetina* El estar y el sentir en la naturaleza El interactuar con nuestro entorno no sólo se basa en relacionarnos con los seres humanos, sino se encuentra en aquel conjunto de seres, conjunto de saberes, conjunto de sensaciones, de experiencias, que involucran no solamente a la humanidad sino a todo aquello que nos rodea.  Entender que somos más que seres individuales, comprender que nuestra existencia va más allá de pensarnos como individuos, entender que nos conformamos de todas las relaciones, de todos los encuentros Me inspiro mucho en la visión que tienen Omar Felipe Giraldo e Ingrid Toro (2020) en su libro Afectividad ambiental, que nos hace comprender todos estos términos, comprender que la ética ambiental va más allá de la interacción entre los seres humanos y el medio.  Siempre he pensado que nuestra conexión en el mundo va más allá del conocimiento racional, nuestra existencia es entender que las relaciones y experiencia forman, no sólo nuestra personalidad, sino nuestra esencia. La esencia, para mí, es aquello que nos hace “ser” quien somos, aquello que nos diferencia de todos los seres en el universo.   La existencia es algo muy complejo, y se puede entender, según Giraldo y Toro (2020) como la interconexión entre las líneas de vida de todos los seres. Para mí, el “estar” aquí representa eso mismo, conectarme con las personas, con las cosas, con la naturaleza, crear experiencias tangibles e intangibles, visitar lugares, crear recuerdos y conocer cómo me conecto con el entorno, entender que somos cuerpos entrelazados con el medio que obtenemos cosas tan valiosas de manera mutua. Entender la crisis ambiental  La ética ambiental moderna se ha traslado de la idea de “vivir feliz” y “desarrollarse”, antes la ética ambiental se basaba en el impacto ambiental y “cuánto daño se puede hacer”. Hoy en día, la ética ambiental sirve para encontrar justificaciones de las consecuencias que el “desarrollo” capitalista le trae al planeta.  Al plantearnos la pregunta ¿qué es para nosotrxs la crisis ambiental? Yo pienso que es aquel momento en que los seres humanos dejan de utilizar lo que nos brinda la Tierra para sobrevivir y que, en vez de eso, se consume por ambición y para satisfacer la necesidad idealizada de felicidad.  La felicidad es aquella que es impuesta por nuestro entorno, esa sensación de plenitud que viene desde algo físico, algo material; la felicidad es aquello que nos venden con la frase “el dinero compra la felicidad” y hace que creamos que el tener más y más cosas nos llevará a una vida plena y feliz.  Como plantean Giraldo y Toro (2020), la crisis ambiental surge cuando comienza ese desapego entre la naturaleza y el ser humano, surge en el momento de indiferencia, de desarraigo y un sentido autoritario sobre las cosas que nos rodean; esto, con un origen en el siglo XIX con la revolución industrial y los movimientos de personas obreras. La sociedad dictamina lo que es bueno y lo que es malo, lo que debemos de hacer y lo que no; ¿Cuándo en realidad es que podemos decidir por nosotros mismxs?, ¿en qué momento está bien pensar individualmente? Agust D (2020), en su canción People, habla sobre la cotidianeidad de la vida, aquella repetición de las cosas que nos lleva a seguir una rutina interminable y a desear cosas que no tenemos, y a no apreciar las que ya tenemos. Cito, Todos manejan las molestias… La repetición de situaciones dramáticas hace que la vida sea agotadora… Queremos si no tenemos, no queremos si tenemos… ¿Quién dice que las personas son animales con sabiduría? En mi opinión, estoy seguro de que las personas son animales con muchos arrepentimientos… Viviendo en un mundo donde nada es eterno; cada cosa que pasa es algo pasajero. Aquí puedo interpretar, desde el punto de vista medioambiental, que la sociedad nos ha llevado a crear un ciclo sin fin, un círculo vicioso del cual no se puede escapar. De aquellas expectativas que la sociedad pone sobre las personas que de un momento a otro se volvieron parte de la rutina y el ser mismo pierde la esencia de su existir en el mundo, se pierde la identidad y las razones por las que hacemos las cosas.  Las situaciones de vida, las historias, las experiencias, las personas, todo es efímero, y de un momento a otro, si no se siente, si no se aprecia, puede desaparecer y dejar en su lugar dolor.  El dolor se ve reflejado en las acciones del ser humano hacia su entorno y en el desapego con la naturaleza. Acciones que pasan de largo y que se consideran de menor importancia son las que más dañan al ambiente. Un descubrimiento personal Entender que algunas veces el destino tiene otros caminos para nuestras vidas, entender que hay más de una alternativa, más de un fin, puede ser difícil para muchas personas; incluyéndome. Desde que tengo memoria mi sueño había sido estudiar la licenciatura en Medicina, toda la vida me preparé con este único propósito, pero una vez que lo tenía en mis manos, una vez que lo había conseguido, sentí un vacío, un vacío que no me permitió continuar. Muchas cosas pasaron en mi vida en aquel momento, el comienzo de una pandemia, una nueva enfermedad en mi cuerpo y miles de decisiones rodeaban mi mente, pero de algo estaba segura, mi objetivo no era estudiar medicina.  Una vez que salí de la carrera sentí que un peso se liberó de mis hombros y me puse a pensar, ¿ahora qué hago, ahora qué sigue? En esa búsqueda, me topé con la licenciatura en Ciencias Ambientales.  Las ciencias ambientales, según la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), es aquella ciencia enfocada en el estudio y la solución de problemas ambientales, así como en el manejo integral del paisaje y de los ecosistemas.  La pandemia impulsó en las personas un ideal de cambio, y en mí, despertó un sentimiento de apreciación por las cosas, un sentimiento tan bello como horroroso…

29 septiembre, 2022 4

La biblia y la ciencia: el origen de nuestra insensibilidad hacia la naturaleza

Por: Francisco Guerra Martínez* Génesis 1:28. Y los bendijo Dios diciéndoles: sean fecundos y multiplíquense; llenen la tierra y sométanla; dominen sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo y sobre todos los reptiles que se arrastran por el suelo. Génesis 1:30. Y a toda bestia de la tierra, y a todas las aves de los cielos, y a todo lo que se arrastra sobre la tierra, en que hay vida, toda planta verde les será para comer. Y fue así. Miren que lo tomamos muy en serio. Nos multiplicamos tanto que casi somos 8 000 millones de personas sobre el planeta. Cada uno requerimos de alimentos y demás bienes que obtenemos de la naturaleza a costa de su sobreexplotación. Aunque cabe resaltar que casi el 10% de la población mundial padece hambre, entonces, ¡algo no funciona bien! Regidos por un modelo político y económico que privilegia el utilitarismo y que muestra una crisis global, desde que dejamos el nomadismo -esto aproximadamente hace 12 mil años- nos mantenemos con un ritmo de transformación del planeta que ha modificado la mitad de los ecosistemas. Con el nacimiento de las grandes civilizaciones, nuestro afán de dominación de la naturaleza nos llevó a tratar de explorar cada rincón de la superficie terrestre, para conocerlo, para controlarlo. En ese entonces la religión imperaba en la sociedad -y aún lo hace-, el conocimiento se obtenía mediante la palabra revelada y plasmada en los escritos bíblicos.  Fue en la biblia donde se plasmó la insensibilidad que los seres humanos tenemos hacia la naturaleza. La manera tan desvergonzada en que nos relacionamos con el ambiente, lo aprovechamos y lo sobreexplotamos como si fuéramos la única especie sobre el planeta tiene su origen allí. Este pensamiento occidental que rige el actual modo de vida y aprovechamiento de la naturaleza se fundamenta en la religión judeocristiana -al igual que en la filosofía griega-. Después, desparpajada, con todos los hallazgos que ha traído, llegó la ciencia, sus primeros fundamentos fueron establecidos por Francis Bacon. Sugirió que la naturaleza debía ser conocida y dominada para obtener beneficios para el ser humano a través de la ciencia. La autonomía y la libertad del humano lo ubicaba por encima de toda entidad viva o no. Esta ha sido la bandera, incluso para la investigación científica actual. Mi generación aún se formó en la insensibilidad hacia lo vivo y a la naturaleza en general. Nuestras salidas a campo siempre fueron depredadoras, arrasábamos con plantas, flores, insectos y muchos elementos más. Erosionábamos laderas y pisoteábamos bosques casi intactos. Todo cobijado por el adiestramiento científico. Las prácticas en laboratorio eran insensibles, en nuestro afán de aprendizaje acribillamos cobayos, ratas, gallinas y ranas. Con toda normalidad. Pensar que esas ideas son arrastradas desde el siglo XVII cuando Descartes propuso que los humanos somos la sensibilidad y racionalidad andando, mientras que las plantas, animales y demás seres vivos eran catalogados como materia inerte e insensible. La frase trillada “en pleno siglo XXI” seguirá siendo útil, a pesar de su cotidianidad, nuestro modo de vida ataca los derechos de los demás seres vivos. La desigualdad de género y el racismo nos enseñan que será difícil entendernos como parte de la naturaleza dada la ausencia de respeto entre la propia humanidad. Sin embargo, lo sostengo, el proceso es largo y tardado, pero seguimos el rumbo, seguimos desarrollando mayor sensibilidad sobre nuestro entorno. Puede sonar difícil de digerir, incluso se preguntarán, y este amigo de dónde saca estas ideas, la verdad es que mucha gente de ciencia ha realizado los planteamientos que traigo a la mesa y los mantienen como su línea de investigación; por ejemplo, los invito a consultar los trabajos del Dr. Ricardo Noguera Solano de la Facultad de Ciencias de la UNAM.  *Francisco Guerra Martínez es profesor de la Escuela Nacional de Estudios Superiores, Unidad Mérida, de la UNAM. Es apasionado de la divulgación y la comunicación de la ciencia. Sus líneas de interés se centran en la resiliencia y la vulnerabilidad, el análisis espacial, la ecología del paisaje y el cambio climático.

15 agosto, 2022 1

El machismo en México y su representación en el lenguaje: metáforas y memes

Por: Jéssica Cisneros Totozaus* Hay tantas formas de emplear los recursos del lenguaje, y muchas veces, sin darnos cuenta son empleadas frases con connotaciones misóginas, machistas y opresivas, que promueven ideas y construcciones patriarcales interiorizadas por la mayoría de las mujeres y me atrevo a afirmar que los hombres en su totalidad. La metáfora es un recurso literario que se ha utilizado desde la antigüedad en la poesía y los textos religiosos, funciona de igual manera como un recurso cultural y político. Su estructura se basa en la asociación de un objeto o sujeto directamente con otro y permite expresar atributos de ellos. Las mexicanas y los mexicanos, así como cualquiera que conozca la vida cotidiana en México, puede saber que nuestra cultura está fuertemente influenciada por el machismo. Esto lo vemos desde las representaciones de los acontecimientos revolucionarios, así como en el cine y la literatura postrevolucionaria, en donde la identidad masculina mexicana se sustenta a partir de frases que revelan arraigados estereotipos de género como: los hombres son más fuertes que las mujeres, los hombres son valientes, los hombres no lloran, etc., y que, como parte fundamental de su cultura e identidad, se sienten orgullosos de llamarse a sí mismos machos, demeritando a las mujeres. Por ello, está altamente normalizado el uso de metáforas machistas que perpetúan la violencia simbólica y se utilizan también como insultos entre los mismos hombres con fines de devaluación, por ejemplo: “Llora como niña” Y su complemento la famosa frase “los hombres/machos no lloran” hace referencia a la asociación directa desde la construcción machista que se le da a las mujeres con la sensibilidad, el ser emocional, el llanto. Muy utilizada con los hombres desde su infancia con intención de avergonzarlos haciéndoles creer que expresar sus sentimientos es algo propio de las mujeres. “Pegas como niña” Pegas, tiras, corres, conduces y así como varias actividades relacionadas con la fuerza, agilidad o rapidez para desmeritar a las mujeres por la falsa creencia de que poseemos menos habilidades físicas que los hombres. Es común que entre hombres utilicen esta expresión para devaluar su esfuerzo.  “Hazlo como macho” Similar a lo anterior, también hace referencia a que los hombres poseen más o que sólo ellos poseen características físicas como la fuerza. Estos tres ejemplos son una mínima parte del uso de las metáforas en pro de la violencia machista que constantemente se naturaliza en el proceso de crianza de hombres y mujeres para ejemplificar mitos de la cultura sexista. Entre el lenguaje y el mito existe una íntima relación pues ambos tienen una misma forma simbólica, la palabra, se trata de la concepción del mundo mediante el lenguaje y es que hablando de mitos machistas, nada de lo que éstos afirman tiene el sustento de la ciencia que tanto aclaman como objeto único de veracidad, si no que no es más que creencias comunicadas y perpetuadas a través de la tradición oral; cosas que por generaciones se transmiten sin siquiera cuestionar su veracidad y sólo con la intención de seguir oprimiendo y minimizando a las mujeres. Al igual que la metáfora, el mito es un recurso lingüístico que fomenta la violencia simbólica, en una sociedad donde cada vez más mujeres denunciamos las violencias vividas (y las que no lo hacen, pero también se han dado cuenta de ellas, las reconocen), una de las mayores armas utilizadas por el patriarcado es seguir demeritándonos ahora con herramientas como el internet y la masiva retórica visual en él: los memes. Davidson define un meme de internet como “un pedazo de cultura, típicamente un chiste que gana influencia a través de la transmisión en línea” (Traducción propia, 2012: 122). Esta “pieza de cultura” puede tratarse “de una imagen, un vídeo, una música, una frase” (García Huerta, 2014). ¿Y cómo lo toma el patriarcado y lo hace un instrumento? En mi experiencia como persona criada por el Internet, y como parte de la parte considerable de la población mexicana que tiene acceso a internet ilimitado y sin regulación, veo cómo es fácil para muchos adultos intentar prolongar sus ideas arcaicas con memes, memes que ven niños y adolescentes en construcción y si lo que aprenden en casa, en la escuela y ahora en Internet se basa en ideas misóginas lo siguen reproduciendo sin problema. Tal es el caso de los grupos que se dedican a trolear y ahora acosar mujeres en internet, los llamados niños rata[1]. Como conclusión y enfocándome en el Internet y los memes, también las mujeres nos hemos apropiado de los memes para enviar respuestas y pronunciarnos contra las violencias, de formas irónicas y divertidas, hemos creado un lenguaje propio que funciona entre nosotras mismas para hacer más ligera la vida. El lenguaje es creado y se llena de vida por quienes se comunican a través de él y crear un lenguaje propio en imágenes, expresiones, bromas, es importante para la unión de una comunidad actualmente. [1] Niño rata fue un término que empezó a utilizarse entre 2008 y 2013 para referirse a ciertos jugadores de videojuegos de multijugadores online y que, con corta edad, exhiben comportamientos hostiles. Referencias: Davison, P. (2012). “The language of internet memes”, en The social media reader, 120-134. Huerta, D. G. (2014). Las imágenes macro y los memes de internet: posibilidades de estudio desde las teorías de la comunicación. Paakat: Revista de tecnología y sociedad, (6). *Alumna de la Licenciatura en Desarrollo y Gestión Interculturales, ENES-Mérida, UNAM,

15 agosto, 2022 0

La maternidad es performatividad y performance: ¿Instinto maternal?

Por: Jéssica Cisneros Totozaus* La teoría de la performatividad fue fundamentada por la filósofa Judith Butler en su libro “El género en disputa” y, en resumen, Butler afirma que el género es construido a través de la performatividad repetida del mismo, es decir que, “actuamos” el género de acuerdo a lo establecido por las normas sociales. Es decir, la sociedad asume que nuestros actos los definen nuestros genitales: Si nacemos con vulva, forzosamente estamos predestinadas a asumirnos como mujeres, con lo que esencialmente se reconoce como femenino, además de ser heterosexuales y con un gran sentido maternal. Entonces, conforme performamos estas características de lo femenino, también somos obligadas a asumir el rol social de lo que se espera de una “mujer” y la construcción social de la maternidad. Actualmente, y sobre todo gracias a la era de la información, se ha abierto el diálogo respecto a la diversidad en las maternidades, existen desde ensayos al respecto hasta podcasts o cuentas de Instagram dedicadas al tema, con testimonios de mujeres sobre lo idealizada y romantizada la maternidad desde hace siglos, o bien, que ponen sobre la mesa lo difícil que es maternar, lo cansado que es física y mentalmente y, como resultado, miles de mujeres lograr conectar con ellas y comunicar sus propias dificultades personales, deseos, afectos, etcétera. Por otro lado, se ponen de manifiesto las acusaciones por ser “malas madres” por no cumplir con las expectativas que tiene la sociedad de ellas y no solo en los medios donde comparten su sentipensar, también en círculos más delimitados como sus propias familias. La crianza y la responsabilidad sobre lxs niñxs es algo que sólo se atribuye a las mujeres, mientras los hombres que aportan una mínima parte son adulados como “grandes hombres”, la maternidad también es un acto performativo que rara vez se cuestiona en voz alta, se sabe lo que es ideal, lo que se espera y el castigo social que es no cumplir con las expectativas de la sociedad y su firme creencia de que existe una esencia femenina además de tener el “instinto maternal” adherido. Los hijos no son un ersatz (reemplazo) del amor; no reemplazan un objetivo de vida rota; no son un material destinado a llenar el vacío de nuestra existencia; son una responsabilidad y son un pesado deber; son los florones más generosos del amor. No son el juguete de los padres, ni la realización de su necesidad de vivir, ni sucedáneos de sus ambiciones insatisfechas. Los hijos son la obligación de formar seres dichosos Cita de Wilhelm Stekel, en Beauvoir, Simone. El segundo sexo, p 509, 1949. La maternidad es un hecho cultural y no biológico, no es una necesidad fisiológica reproducirse y criar. Por un lado, entregarse a la maternidad sin cuestionárselo nos ha llevado a bucles de violencia intrafamiliar incontables, de madres a hijas o hijos, de padre a madre, de padre a hijas o hijos, etc., en el que tanto las madres como los hijos caen en una situación de vulnerabilidad. El mito del instinto maternal funciona como una herramienta para el control social de las mujeres con todo lo que este conlleva: El amor de madre, los cuidados intensivos, el ser una “buena” madre (afirmación contradictoria pues, si biológicamente tuviéramos ese instinto, no habría necesidad de estar en mira de la sociedad esperando que desempeñemos el rol de “buena” o “mala” madre). Entonces, si la maternidad es parte de los esencialismos de género, estos estigmas solo sirven para perpetuar la heteronorma y la idea colonial de que el cuidado de las infancias corresponde a una sola individua y no como algo que va más allá de un vínculo madre-hijx, el cuidado de las infancias como algo comunitario, como crianzas compartidas. La maternidad es performativa: parte de abolir estas construcciones, es entender la maternidad como una elección y no una obligación que se le atribuya a un deber ser de los cuerpos leídos femeninos. *Alumna de la Licenciatura en Desarrollo y Gestión Interculturales. ENES-Mérida, UNAM.