Entre la tarima y la memoria: reflexiones sobre un taller de fandango jarocho
23 junio, 2026Por: Alessia Cosette Arzola Gómez*
“Amo la estancia que será ceniza
pero ocupó su ritmo en el espacio
y acarició la tierra con su paso.”
— Dolores Castro, citada en Barrera Aguirre (2025)
Desde muy pequeña, la danza ha sido una parte muy importante de mi vida. Mi formación como bailarina comenzó en Aguascalientes y, durante muchos años, ha estado ligada principalmente a la danza folclórica mexicana. Siempre he vivido la danza desde los ensayos, las coreografías, las presentaciones y toda la disciplina que implica prepararse para subir a un escenario.
Dentro de todos los bailes regionales que he aprendido, los de Veracruz siempre han sido de mis favoritos. Aunque suelen ser muy cansados de interpretar, siempre me ha gustado muchísimo la energía que transmiten, la música y la complejidad del zapateado. Sin embargo, aunque había bailado sones jarochos muchas veces en montajes folclóricos, nunca había tenido un acercamiento tan real al fandango tradicional como el que experimenté en el taller impartido por Jesús Alejandro Barrera1.
La experiencia del taller fue muy diferente a cualquier otra clase de danza a la que hubiera asistido antes. Más que enfocarse en aprender pasos o secuencias, el taller me hizo pensar el baile desde otro lugar: desde el cuerpo, la convivencia y la relación con otras personas. Aprendimos algunos ritmos básicos sobre la tarima, pero lo que más me marcó fue entender que en el fandango el baile no funciona como algo individual ni únicamente visual. Ahí el cuerpo está constantemente dialogando con la música y con quienes comparten el espacio.
Eso me hizo reflexionar sobre por qué dentro de la danza folclórica escénica muchas veces el objetivo principal es que la coreografía “se vea bien”. Existe una preocupación constante por la técnica, la coordinación y la estética grupal. En cambio, durante el taller entendí que en el fandango el baile y el zapateado también son escucha, convivencia y comunicación. No se trata solamente de ejecutar pasos correctamente, sino de compartir el ritmo con otras personas y formar parte de algo colectivo.
Mientras escuchaba las explicaciones del taller y leía el texto Amo el paso que será ceniza. La construcción de la memoria corporal en el baile dentro del fandango jarocho en Jáltipan y Ciudad de México (2025), especialmente el apartado de “La música tradicional mexicana” (pp. 75-101) tuve en cuenta el concepto de la memoria corporal en la danza. Me llamó mucho la atención pensar que el aprendizaje dentro del son jarocho ocurre observando y compartiendo con otros cuerpos. Aunque llevo años bailando y yo misma he participado en estas dinámicas, nunca había pensado conscientemente en cómo el cuerpo también guarda memoria a través de la convivencia, de repetir pasos y de aprender junto a otras personas.


Otra de las cosas que más me gustó fue recordar que el escenario no siempre es el centro de la danza. En el fandango no existe una separación tan marcada entre quienes bailan y quienes observan. Todos participan de alguna manera: tocando, cantando, zapateando o simplemente acompañando. La tarima deja de ser solo un espacio para mostrar algo y se convierte en un punto de encuentro. Creo que eso fue de las cosas que más me permitió pensar la danza desde un lado mucho más humano y comunitario, y no solo escénico.
Personalmente, el taller también me hizo darme cuenta de algo que había vivido toda mi vida dentro de la danza, pero que nunca había analizado de forma consciente. Desde pequeña, el folclor siempre me ha dado un sentido de pertenencia muy fuerte a través de los ensayos, las amistades y todas las experiencias compartidas alrededor de la danza. Sin embargo, nunca había relacionado todo eso con ideas como memoria corporal, identidad o comunidad. A partir del taller entendí que la danza no solo sirve para representar tradiciones y comunidades, sino también para construir vínculos y mantener vivas ciertas formas de convivencia.
Al final, esta experiencia me permitió acercarme de una manera mucho más consciente al baile veracruzano que tanto me gusta. Más allá de aprender pasos básicos o recordar lo mucho que disfruto bailar, el taller me ayudó a reflexionar sobre mi propia experiencia dentro de la danza folclórica y sobre la importancia que tienen el cuerpo, la convivencia y la memoria dentro de este tipo de prácticas culturales.
1 Etnohistoriador, músico, bailarín y estudiante de la maestría en Estudios de la Cultura y la Comunicación del Centro
de Estudios de la Cultura y la Comunicación de la Universidad Veracruzana.
Referencias:
Barrera, J. (2025). Amo el paso que será ceniza. La construcción de la memoria corporal en el baile dentro del fandango jarocho en Jáltipan y Ciudad de México (Tesis de Licenciatura en Etnohistoria). Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), Secretaría de Cultura, Ciudad de México, pp. 75-101.
Créditos de imágenes: Fotografías tomadas por Diana Marcela Corredor Palacios, mayo de 2026
* Alessia Cosette Arzola Gómez es estudiante de la Licenciatura en Desarrollo y Gestión Interculturales de la ENES Mérida. Trabajo realizado para la asignatura “Expresiones y registro de la diversidad cultural IV”, a cargo de la Dra. Marcela Corredor Palacios y del Dr. César Guzmán Tovar.


