¿Por qué los Bridgerton bailan jarana? La imitación como fenómeno social
12 junio, 2026Por: Jessica Noemi Gadea Tapia*
El otro día estaba viendo Bridgerton con un amigo: enormes vestidos, dramas y chismes de la alta sociedad en la época de la Regencia inglesa con elementos de fantasía, canciones pop actuales adaptadas a un sonido de música clásica, amores prohibidos y finales trágicos. En medio de un momento desgarrador –un funeral donde los personajes comienzan a honrar la memoria del fallecido diciendo palabras sobre lo honorable que fue–, deciden dejar las lágrimas a un lado y comienzan a danzar al ritmo de una música tradicional escocesa como a él le hubiera gustado.
Estaba conmovida por el momento cuando, de repente, mi amigo pausó la pantalla, me miró desconcertado y soltó una pregunta graciosa pero interesante: «¿Por qué los Bridgerton están bailando jarana yucateca?»
Al principio me reí, pero mirando con atención me quedé sorprendida. Los personajes de la serie con los brazos arriba, la postura increíblemente erguida, los giros sincronizados… ¡Eran demasiado parecidas a las danzas que podríamos ver un domingo por la mañana al pie del palacio municipal de Mérida o en las fiestas patronales en las vaquerías de Yucatán!
¿Cómo es posible que dos danzas nacidas en países y culturas que aparentemente no tienen nada que ver se parezcan tanto? Pues bien, quizá este fenómeno nos lo puede explicar uno de nuestros sociólogos franceses favoritos, Gabriel Tarde.
La piedra en el estanque y las ondas de imitación
Gabriel Tarde (1890) explicaba de forma casi poética cómo nos comportamos los seres humanos. Para él, la sociedad funciona a través del concepto de imitación.
La teoría de Tarde explica que la cultura funciona como cuando lanzas una piedra a un estanque tranquilo. El impacto inicial es una innovación (una idea, una moda, un invento). Al tocar el agua, esa piedra genera ondas que se expanden hacia afuera, viajando largas distancias.
Si aplicamos esto a nuestra duda con las coreografías, la “piedra” original fueron las antiguas danzas cortesanas y folclóricas del centro de Europa hace siglos. Al popularizarse, crearon ondas de imitación que viajaron por todo el continente:
- Hacia el norte: Una de esas ondas llegó a Escocia, influyendo en los bailes tradicionales que hoy retratan en Bridgerton.
- Hacia el sur: Otra onda idéntica viajó hacia la península ibérica, evolucionando con el tiempo en la famosa jota aragonesa.
El viaje a Yucatán: Cuando la copia se vuelve imperfecta
Ahora bien, ¿cómo saltó esa onda desde España hasta nuestro bello Yucatán? Durante la época colonial, los españoles trajeron consigo sus fiestas y sus jotas (bailes). La población maya y mestiza se integró a festejos como parte del entretenimiento de los hacendados y posteriormente usándolos de forma resignificada como una burla a ellos.
Siguiendo el principio de Tarde, el impulso natural fue imitar. Copiaron los pasos, la elegancia, los brazos en alto, el zapateo y la espalda recta. Sin embargo, ¡ya quisiera la jota española o un baile escocés tener la sazón que le agregamos a nuestra jarana! ¿Por qué no es una copia ‘’igual’’? Pues bien, la imitación nunca es una copia perfecta. Cuando imitamos, nuestro cerebro no hace un “copiar y pegar” exacto. Traducimos lo que vemos a través de nuestros propios ojos, nuestra historia y nuestros recursos.
El choque de ondas: El nacimiento de la “Invención”
Cuando dos corrientes diferentes de imitación chocan en la mente de una comunidad, ocurre la magia. Tarde llamó a este fenómeno invención. Los mestizos y mayas de la península no se limitaron a replicar la danza europea. Al imitar la jota, esa onda chocó de frente con su propia cosmovisión, sus ritmos ancestrales e instrumentos locales, y de ese choque creativo, de esa “copia defectuosa” pero profundamente enriquecida, nació algo completamente nuevo, único y vibrante: la jarana yucateca.
Cuando imitamos algo más que pasos de baile
Un ejemplo actual de la imitación como fenómeno social es la famosa “hustle culture”, mentalidad que glorifica el trabajo extremo, la productividad incesante y la ambición desmedida.
Hace unos años, desde centros de poder económico (como Silicon Valley), se lanzó la idea de que el ser humano debe ser tratado como un software que necesita actualizarse. La meta es “rendir”. Esta forma de pensar viajó por redes sociales y se instaló en el inconsciente colectivo. Hoy, una persona en Mérida o en Londres puede sentir la misma angustia si no se despierta a las 5:00 a.m., si no medita, si no toma jugo verde o si no monetiza su hobby. Hemos imitado el deseo de perfección de una clase aspiracional global (Ley de los superiores por los inferiores).
La meta de “rendir” en contextos latinos choca con nuestra propia cultura. Aquí muchas personas no enfrentan únicamente el desafío de optimizar su tiempo, sino problemas estructurales como empleos precarios, largos desplazamientos y salarios insuficientes. La promesa de que todo depende de la disciplina individual no funciona cuando las condiciones materiales no son las mismas. Siguiendo a Tarde, la imitación nunca es una reproducción exacta. Intentamos copiar una fórmula diseñada para otra realidad y, al hacerlo, aparecen contradicciones y adaptaciones. El resultado suele ser una mezcla en la que adoptamos el lenguaje de la productividad como hábitos, rutinas, metas y o emprendimiento, pero lo interpretamos desde nuestras propias necesidades y limitaciones.
La imitación no solo se trata de copiar pasos de baile, también está presente en las ideas, aspiraciones y maneras de interpretar el mundo. La pregunta importante, entonces, no es si imitamos o no, porque hacerlo es un hecho social. La verdadera pregunta es qué estamos eligiendo imitar y qué consecuencias tiene esa elección.
Referencias
Moya, M. (1984). La psicología social de Gabriel Tarde. Reis: Revista Española de Investigaciones Sociológicas, (27), 163-186.
Tarde, G. (2012). Las leyes de la imitación (V. Romano, Trad.). Centro de Investigaciones Sociológicas. (Obra original publicada en 1890).
Byung-Chul Han. (2012). La sociedad del cansancio. Herder Editorial.
Jessica Noemi Gadea Tapia es estudiante de segundo semestre de la Licenciatura en Sociología Aplicada en la
ENES Mérida Trabajo realizado para la materia Escritura y Construcción del Conocimiento a cargo de la Dra. Ana Silvia Canto Reyes.



Es increíble el análisis que se puede lograr o encontrar en una serie, una película, en una pintura o en casi cualquier cosa.
Necesitamos más personas que logren ver lo que los demás no.
Me encantó y me inspiró a querer saber más sobre Tarde y sobre la Imitación.