El eco de lo que perdemos: solastalgia y la valentía de defender nuestro hogar

El eco de lo que perdemos: solastalgia y la valentía de defender nuestro hogar

6 junio, 2026 0
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Por: Aarón Jair García Morales, Aylin Alejandra Hernández Soto, Alexia Michelle Macías Camacho, Miguel Ángel Domínguez Rivero

​Imagina que frente a ti hay un micrófono abierto. La luz roja de grabación está encendida y de fondo suena una pista musical que marca el ritmo de un podcast en vivo. Estás rodeado de estudiantes de secundaria y la pregunta que flota en el aire es simple, pero poderosa: ¿A qué suena tu comunidad?

​Esto fue exactamente lo que hicimos con un grupo de jóvenes en Isla Arena, Campeche. A través de este ejercicio de radio, las respuestas comenzaron a fluir como las mareas:

“Sonido del mar, porque yo vivo cerca del agua y se escucha bien padre en mi casa… Me gustaría ser cantante, componía una música pero no la he terminado.” — Voz de una alumna de secundaria, Isla Arena. 

​Pero entre esos sonidos llenos de vida y sueños, también se asomó un eco más oscuro: el sonido del vacío. Cuando la temporada de captura de pulpo termina o cuando las restricciones prohíben el buceo, las familias pierden su sustento y deben migrar. Las aulas pierden alumnos y la isla se vuelve silenciosa.

​Ese nudo en la garganta al escuchar y ver cómo tu hogar cambia, se vacía o se degrada frente a tus propios ojos tiene un nombre. Se llama solastalgia. Es el dolor de perder tu entorno natural; y no es un sentimiento aislado, es la realidad que está marcando a toda una generación de defensores del medioambiente.

​Proteger la memoria en Isla Arena

​En esa misma comunidad, Rossana Rivero conoce perfectamente esta sensación. Como responsable de la UMA (Unidad de Manejo para la Conservación de la Vida Silvestre) en Wotoch Aayin, Rossana ha visto cómo el mar y el desarrollo mal planeado devoran la costa. Donde antes había dunas y un espacio en el que los niños corrían libremente, hoy hay infraestructura excluyente y playas erosionadas.

​Para Rossana, la solastalgia pega directo en la identidad de su pueblo, pero en lugar de rendirse, lidera proyectos de educación ambiental y manejo de cocodrilos para resistir:

​”Es triste a veces ver cómo esos paisajes que forman parte de nuestros recuerdos y de nuestra identidad van desapareciendo o contaminándose lentamente frente a nuestros ojos… Creemos que la conservación solo puede lograrse si nosotros como comunidad participamos. Conservar no es solo proteger la naturaleza. Es proteger la memoria, la identidad y el futuro de quienes vivimos en ella.” — Rossana Rivero.

​La invasión de concreto en el “Monte” yucateco

​Si nos movemos un poco más hacia el este, en la comunidad de Hunucmá, Yucatán, los ecos son diferentes, pero el dolor es el mismo. Jair, un joven que estudió Biología, recuerda su infancia en el “monte” yucateco como un refugio de paz. Hoy, el canto de las aves ha sido reemplazado por el rugir de la maquinaria pesada de los voraces desarrollos inmobiliarios.

​Como biólogo y ciudadano, Jair experimenta la frustración de ver desaparecer la flora y fauna locales frente al avance del concreto:

“Me hace sentir triste, con impotencia porque, pues, no se puede hacer nada al respecto… Te quedas con la nostalgia de pensar y recordar cómo era antes. Y ahorita lo ves y es como de que ya no hay nada de eso. Pero aún me queda la esperanza de que se traiga la concientización a las nuevas generaciones… de que tomen la conciencia de que lo tienen que dejar, aunque sea así con lo que quede, porque ahí habitan animales.” — Jair Solis.

​El silencio abrumador del arrecife

​Y si cruzamos el país y nos sumergimos en las aguas del Mar de Cortés, en Cabo Pulmo, el océano también cuenta su propia historia. Antonio, un profesional en activo egresado de Ciencias Ambientales, pasa sus días trabajando como buzo científico y recreativo. A través de la lente de sus drones y sus inmersiones, documenta una realidad abrumadora: aguas inusualmente cálidas que alejan a los tiburones, lobos marinos asfixiados por redes de pesca y la constante amenaza de megaproyectos gaseros que podrían atropellar a las ballenas.

​El peso de documentar este deterioro es inmenso, pero cuando le preguntamos de dónde saca fuerzas para volver a ponerse el tanque de buceo al día siguiente, su respuesta es un recordatorio del poder del asombro:

“¿Qué me hace recargar energías? Al final del día, el ecosistema y las personas. El enseñarle cada día a nuevas personas la importancia del ecosistema, que la cara de alguien o los gritos de alguien al por primera vez meter la cabeza en el agua y ver lo que hay debajo aquí de los arrecifes, de los peces… Yo creo que es eso. Compartir con las personas la belleza de esta Área Natural Protegida para que se lleven el mensaje a casa.” — Antonio Ramón.

​¿Qué vas a hacer tú cuando escuches este llamado?

A pesar del peso emocional que cargan Rossana, Jair y Antonio, ninguno de ellos ha bajado los brazos. La tristeza no los paraliza; los moviliza.

​Si estás en la preparatoria, navegando entre folletos universitarios y preguntándote qué camino tomar, o si ya eres estudiante y buscas un propósito real, detente a escuchar el sonido de tu entorno. El mundo natural está pidiendo a gritos mentes dispuestas a entenderlo y manos valientes para defenderlo.

​Estudiar Ciencias Ambientales, Biología o carreras afines no significa encerrarse a memorizar libros. Significa ponerte un tanque de buceo, caminar por el monte yucateco, grabar un podcast con niños para salvar su cultura o liderar proyectos que le devuelvan la vida a un manglar.

​La solastalgia es el diagnóstico, pero tú puedes ser el antídoto. El paisaje, la fauna y los sueños de las comunidades están esperando tu voz. ¿Te animas a ser parte del cambio?


Aarón Jair García Morales, Aylin Alejandra Hernández Soto, Alexia Michelle Macías Camacho, Miguel Ángel Domínguez Rivero son estudiantes del 8.º semestre de la licenciatura en Ciencias Ambientales de la ENES Mérida. Trabajo realizado para la materia de “Periodismo Ambiental”, a cargo de Elizabeth Álvarez Padilla.