Somos lo que comemos: la comida en la lucha de clases
13 marzo, 2026Por: Xiomara Miranda
La comida es una parte central de la cultura: genera un sentido de comunidad y une a las personas. Los ingredientes que nos rodean y sus sabores construyen identidades compartidas. Pero ¿qué pasa cuando la comida pierde el sentido de convergencia humana y se convierte en un elemento más del mercado?
En su ponencia “Racionalidades y gentrificación en los corredores culinario-gastronómicos de Mérida y Valladolid”, del Seminario Tecnociencia Ambiente y Sociedad del mes de noviembre, Ricardo Maldonado Arroyo explora los procesos por los cuales la comida se gourmetiza y es utilizada como punto focal del sector turístico. En este fenómeno, la cualidad unificadora y comunitaria de la comida es relegada a segundo plano para dar paso a la exotización y exclusividad.
Maldonado entiende la gourmetizacion como la elevación de ciertos productos gastronómicos generalmente ordinarios a un nivel premium, de alta calidad y precisión. El fenómeno está generalmente asociado a una estetificación exagerada de los productos, presentando la comida como un objeto de deseo inalcanzable. Además, influye de manera activa en los espacios antes usados para construir comunidad y colectividad, convirtiéndolos en específicos/dedicados al consumo.
Las políticas implementadas por el estado declaran fines económicos a los que se les atribuyen beneficios como la generación de empleos, mejora de la infraestructura urbana, reactivación de zonas comerciales abandonadas, y el incremento de actividades culturales. Sin embargo, debemos preguntarnos a quién sirven estos intereses.
El ponente sostiene que la valoración de los corredores turísticos se debe a la confrontación de racionalidades espaciales, económicas y estéticas. Podemos entender esto como una lucha de clases activa, en donde combaten intereses opuestos para ser impuestos en la sociedad: mientras la clase baja o trabajadora lucha por el acceso y disfrute libre de la cultura, la clase alta o burguesía aboga por el beneficio económico y la maximización de las ganancias.
La comida no se le niega a nadie, o eso es lo que nos gustaría creer. Pero el sistema capitalista ha convertido a los alimentos en objeto de lujo. Su necesidad por transformar necesidades humanas en mercancía y el acceso libre en privilegio, ha trasladado la comida a la discusión central de la lucha de clases.

*Xiomara Miranda estudiante de la Licenciatura en Sociología Aplicada de la ENES Mérida.


