Por: Ailin Ortiz López; Ana Díaz Sarmiento; Concepción Martínez, Rodríguez Karla Gómez Mendoza y Raúl Martínez El coral negro es un recurso de gran importancia ecológica cuya lenta tasa de crecimiento y reproducción lo hace especialmente vulnerable a la sobreexplotación, impulsada principalmente por su demanda en la fabricación de joyería y artesanías. En México, a pesar de contar con regulaciones, el comercio ilegal sigue siendo una práctica común en zonas turísticas. La extracción de este recurso, que a menudo se realiza a profundidades superiores a los 30 metros, no solo pone en peligro a los buzos, sino que también carece de un monitoreo reciente que permita conocer el volumen de extracción o evaluar el estado de salud y la abundancia de los bancos de coral negro. ¿Qué características ambientales y comerciales están asociadas a esta actividad y qué alternativas para su aprovechamiento sustentable tenemos en el país? ¿Por qué es importante el coral negro? Los arrecifes de coral son auténticos tesoros marinos, no solo por su belleza única, sino por su papel crucial en los ecosistemas. Estas comunidades complejas actúan como estructuras naturales que amortiguan la fuerza del oleaje y protegen las costas de tormentas y huracanes. Además, ofrecen refugio y hogar a una gran diversidad de especies marinas, lo que los convierte en pilares fundamentales para el turismo, la pesca y la protección del litoral, brindando valiosos servicios ecosistémicos (Guerra et al., 2019). Los corales son un grupo diverso de organismos marinos que incluyen cientos de especies, desde los coloridos corales pétreos que forman arrecifes, hasta los delicados corales blandos que se mecen con las corrientes. Cada uno juega un papel esencial en los ecosistemas marinos, ofreciendo refugio y alimento a innumerables especies. Entre ellos, destaca el coral negro, una especie poco conocida pero de gran importancia ecológica y cultural. A diferencia de otros corales, el coral negro no forma arrecifes, sino que crece en profundidades mayores y su estructura rígida y oscura ha sido valorada durante siglos para la creación de joyería y artesanías. Sin embargo, su lento crecimiento y las amenazas que enfrenta lo convierten en una especie especialmente vulnerable, representando un llamado a la conservación de todas las variedades de coral en el mundo. Importancia ecológica de los corales El coral negro, perteneciente a la familia Antipatharia, abarca 7 familias, 7 subfamilias, 40 géneros y 235 especies. Estas especies se caracterizan por secretar un esqueleto quitinoso, es decir, formado por quitina, un material natural que aporta rigidez y flexibilidad. Este esqueleto, de color oscuro, al ser pulido adquiere una apariencia similar a la porcelana fría, lo que lo convierte en un recurso de alto valor comercial (Padilla C., 2004). Su distribución geográfica es amplia; la mayoría de las especies habita en aguas tropicales y subtropicales, desde profundidades de 5 hasta 8,000 metros, aunque la mayoría se encuentra entre los 30 y 80 metros (Bruckner, A., et al., 2008). Sin embargo, presentan una tasa de crecimiento lenta y una maduración sexual tardía (Wills Lopez, 2008), lo que provoca que sus poblaciones tarden en recuperarse y crecer. Los corales aportan múltiples beneficios, conocidos como servicios ecosistémicos, pues ayudan a proteger las costas de la erosión durante tormentas y huracanes. Además, permiten la variedad de peces, moluscos y plantas acuáticas, lo que sostiene la biodiversidad del océano y favorece a las comunidades pesqueras, que dependen de estas especies. Por otro lado, los arrecifes visualmente atraen a turistas año con año, lo que genera economía y empleos. Los arrecifes de coral son esenciales para el equilibrio socioambiental (Calderón, L., et al., 2017; Mendoza-González, et al., 2020). (Fig.1) Importancia comercial de Coral Negro en México En el comercio internacional de esta especie, de acuerdo con la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES), Estados Unidos es el mayor importador seguido por Alemania, Francia y Japón. Los países que más exportan este recurso son Hong Kong, Corea y Taiwán. Entre 1982 y 1997 CITES reportó 19,262 toneladas de coral negro para su importación a 70 países. (CORAL, 2005). El nombre común “coral negro” agrupa varias especies que poseen un importante mercado internacional en joyería y artesanías. En la región del Caribe Mexicano se encuentran registradas dos especies: Antipathes pennacea, ahora Plumapathes pennacea (OBIS, 2024), y Antipathes caribbeana, las cuales son utilizadas como materia prima para la elaboración de artesanías (Padilla C., 2004). La extracción de estas especies comenzó en los años 60, principalmente en la Isla de Cozumel. Entre 1974 y 1978, en zonas como Punta Herradura, Cayo Centro, Cayo Lobos y Ensenada de Luciérnagas, se registraron volúmenes de extracción de hasta 322 kg mensuales, y el precio de la materia prima se vendía a los artesanos por 3,500 MXN por kilogramo (De La Torre Alegría, 1979). Durante la década de los 90, el consumo de productos de coral negro tuvo un auge significativo, lo que llevó a que en 1995 las autoridades suspendieran los permisos de pesca. Sin embargo, en 1996 la actividad se reanudó en el sur del estado de Quintana Roo. Para el año 2000, en la zona sur de Quintana Roo, específicamente en Punta Herradura, donde se localizó un banco de coral, se autorizaron permisos para tres recolectores, quienes podían extraer hasta 100 kg mensuales cada uno (Padilla C., et al., 2000). Colecta, comercialización y problemáticas socioambientales La recolección de coral negro se realizaba originalmente a poca profundidad, pero la escasez del recurso obligó a los pescadores a sumergirse hasta 80 metros utilizando equipo SCUBA. Para extraer las colonias, cortaban el coral con seguetas y lo sacaban a la superficie utilizando globos de flotación (Padilla, 2004). Este proceso requería la participación de cuatro personas: el permisionario, dos buzos y un recolector. Posteriormente, el coral era tallado y pulido, ya sea por artesanos especializados o, en muchos casos, por los mismos pescadores, para fabricar piezas de joyería y decoraciones. Esta actividad es costosa y extremadamente riesgosa. Los pescadores, al no seguir procedimientos adecuados de descompresión, enfrentan accidentes graves e incluso muertes…