Raíces urbanas: huertos para preservar la flora local y resistir el olvido
25 mayo, 2026Por: Iván Alexis Arcique Kú*
En la ciudad, entre el ruido y la búsqueda constante de productividad, surgen los huertos urbanos como pequeños espacios de resistencia. No son únicamente lugares donde crecen plantas; también representan una forma de recuperar autonomía en un entorno cada vez más dependiente del mercado y de la lógica del consumo inmediato. A través de ellos es posible construir mejores entornos alimentarios, recuperar recetas tradicionales e incluso mantener vivas prácticas vinculadas con la medicina tradicional.
Existe la idea de que la naturaleza debe permanecer alejada de la vida urbana. Frente a esto, cada semilla sembrada en un huerto representa un desafío directo. Balcones, patios comunitarios o terrenos abandonados pueden convertirse en jardines capaces de devolver a las personas una relación más cercana con la tierra y con los ciclos naturales. Cultivar en la ciudad es, en ese sentido, un acto político silencioso.
Además, los huertos permiten resistir el aislamiento que muchas veces generan los espacios urbanos, donde la rutina empuja a las personas hacia formas de vida cada vez más individualistas. Alrededor de un huerto pueden surgir redes de cooperación entre vecinos que intercambian semillas, conocimientos, herramientas y tiempo. El cultivo colectivo transforma espacios antes anónimos en lugares de encuentro, colaboración y cuidado mutuo.

Dentro de estos espacios también es posible preservar la flora local. Esto resulta importante porque mantiene viva la relación entre las personas y el territorio que habitan. Las plantas nativas están adaptadas al clima, al suelo y a los ciclos naturales de cada región; por ello, suelen requerir menos agua, pueden desarrollarse con menos insumos externos y contribuyen a conservar la biodiversidad. Además, atraen polinizadores como abejas, mariposas y aves, lo que permite crear pequeños ecosistemas dentro de la ciudad.
Cuidar la flora local también es un acto de resistencia cultural. En muchos entornos urbanos, los sistemas industriales han desplazado semillas, alimentos y conocimientos tradicionales que forman parte de la memoria de una comunidad.
Durante el Seminario Global sobre Biodiversidad, Conocimientos Tradicionales, Salud y Bienestar, realizado el 7 de agosto de 2023 en Washington, D.C., Socorro Gross Galiano, representante de la Organización Panamericana de la Salud en Brasil, señaló que las comunidades saludables dependen de ecosistemas equilibrados y que la biodiversidad es la base que sustenta la vida. También destacó la importancia de reconocer y valorar los conocimientos de los pueblos tradicionales, como los pueblos indígenas, romaníes y afrodescendientes, para la conservación y el uso sostenible de los ecosistemas.

Por ello, sembrar y conservar plantas originarias, medicinales o alimenticias que han sido parte del conocimiento de generaciones significa defender la memoria colectiva, las prácticas ancestrales y la autonomía comunitaria. Un huerto urbano con flora local no solo produce alimentos: también conserva historias, recetas y formas de entender la naturaleza y la vida. Cada planta y cada semilla nativa son una manera de resistir el olvido que impone el ritmo de la sociedad moderna y de afirmar que las culturas locales siguen teniendo valor frente a los desafíos globales actuales.
En ese sentido, el huerto urbano se convierte en un espacio político y cultural que fortalece la soberanía alimentaria, al permitir que las comunidades dependan menos de las industrias y recuperen parte del control sobre lo que cultivan y consumen.
Un ejemplo de estas prácticas es la implementación de programas para impulsar la creación de huertos urbanos en Mérida, Yucatán. En el sitio web del municipio se promueve la creación de estos espacios mediante instructivos sobre preparación de la tierra, riego, abonado, control de plagas y cultivo. Además, se proponen elementos de infraestructura sustentable para favorecer el funcionamiento de los huertos y se señalan centros de acopio y reciclaje cercanos. Con estas acciones se busca fortalecer una cultura sustentable en la ciudad.

Ya sea de forma comunitaria o personal, los huertos urbanos son una alternativa frente a los modelos alimentarios industriales. A lo largo de los años, los avances tecnológicos han permitido desarrollar sistemas en los que una gran parte de los alimentos son industrializados y recorren largas distancias antes de llegar a la mesa. Por eso, cultivar una parte de lo que se consume permite cuestionar la dependencia de las grandes cadenas de producción
Las macroindustrias pueden afectar ecosistemas enteros y generar condiciones de precarización en comunidades campesinas. Si bien un huerto urbano no sustituye la producción agrícola a gran escala, sí abre una reflexión sobre el origen de los alimentos y sobre la posibilidad de construir formas más sostenibles de habitar el mundo.
Los huertos urbanos son una prueba de que, incluso en contextos difíciles, la vida y la comunidad pueden surgir. Nos recuerdan que resistir no siempre significa confrontar directamente; también puede significar cuidar, sembrar y compartir. En tiempos de crisis ambiental y desconexión social, cultivar la tierra en la ciudad se convierte en una manera de defender la esperanza.

Referencias:
Organización Panamericana de la Salud. (2023, 7 de agosto). Conocimientos tradicionales: la biodiversidad como base para la salud y el bienestar. https://www.paho.org/es/noticias/7-8-2023-conocimientos-tradicionales-biodiversidad-como-base-para-salud-bienestar
Mérida Sustentable. (2024). Huertos urbanos. https://www.merida.gob.mx/sustentable/huertos-urbanos.php
Urías Borbón, D. S. (2020). Huertos urbanos como estrategia de resiliencia urbana en países en desarrollo. Revista Vivienda. https://revistavivienda.cuaad.udg.mx/index.php/rv/article/view/143/441
Iván Alexis Arcique Ku es alumno de la Licenciatura en Desarrollo y Gestión Interculturales de la ENES Mérida.


