Lo busco, lo busco y no lo busco

Lo busco, lo busco y no lo busco

2 junio, 2026 1
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Por: Wendy Sarahi Dzul Chi y Danna Janet Toraya Basulto*

Piano de Genoveva
Te amo por indiscreto
De tu alma todo el mundo revelas el secreto
Cuentas uno por uno
Todos tus desengaños

                                                         Eugenia León: “Piano de Genoveva”

Con esta estrofa de la ganadora de un Latin Grammy en 2016 en la categoría “Excelencia Musical de la Academia Latina de la Grabación”, Eugenia León, iniciamos este recorrido, algo indiscreto, por la sala “La música en los medios”, perteneciente al Palacio de la Música. No pretendemos guiar a los lectores con información que se puede teclear en un navegador; sería algo plano y sin sabor. Lo que queremos contarles sale de otro lugar, sale de la memoria, de la emoción y, sobre todo, de la percusión de nuestros corazones yucatecos.

Dicha sala era en apariencia un solo espacio, pero desde el momento que entramos se sentía claramente la división entre dos mundos distintos; en el primero, una radio con algunos ejemplares antiguos y una cabina que parecía detenida en el tiempo, capaz de transportarnos a otra época con solo mirarla. Dentro había un piano hermoso, de esos instrumentos que parecen guardar grandes historias entre sus teclas, como si hubieran acompañado noches enteras de canciones, conversaciones y silencios. Nos contaron que fue donado por una pianista famosa antes de fallecer, como si hubiera querido que su instrumento siguiera acompañando a alguien, aunque fuera detrás de un vidrio. No se podía entrar, solo podíamos observar detrás del cristal y justo por eso es tan especial, ya que cuando nos acercamos, el vidrio nos devuelve nuestro propio reflejo, y por un momento nos vemos a nosotras mismas como si estuviéramos interpretándolo y listas para grabar.

En la segunda sección estaban los vinilos con un tocadiscos que inevitablemente nos recordó la casa de nuestras abuelas, a esas visitas que de pequeñas hacíamos y en las cuales escuchábamos de fondo las canciones de sus discos que, aunque no entendíamos del todo, se quedaban con nosotras, en nuestras memorias. En este espacio también se encuentra una colección enorme y diversa de música mexicana: desde rock hasta boleros, que, aunque parecían opuestos, en el momento se sentían uno. Sabíamos que no eran discos reales y que toda la experiencia era una simulación, pero aun así lo sentimos como auténtico.

El museo nos pareció muy bonito. Tiene una buena intención, se nota que quisieron hacer algo especial; había una gran variedad de música, de diferentes géneros e intérpretes, audífonos por todas partes y mucho material para escuchar. Fue muy interesante ver y percibir esta división simbólica que hay entre la radio como algo nostálgico y el vinilo como algo más contemporáneo. Nos gustó porque nos conecta con nuestros recuerdos, con artistas que nuestros padres escuchaban y nos contagiaron con el fervor al crecer, con memorias queridas y momentos añorados.

Ahora bien, algo nos dejó pensando durante el recorrido. ¿Y los demás? ¿En dónde queda la experiencia para una persona sorda en un museo donde todo se escucha? ¿Cómo pueden las personas con limitaciones visuales conocer, o aprender, en un lugar lleno de pantallas? ¿Qué pasa con aquellos que no saben leer y se topan con globos de texto uno tras otro? No vimos nada para ellos, nada de verdad; nos emocionamos con la idea de un museo didáctico, pero la realidad es que no había ningún instrumento que pudiéramos tocar con las manos o alguna cuerda para estirar. Todo se miraba, nada se tocaba. Incluso hablando un poco más del museo en general, su arquitectura nos pareció extraña, completamente ajena a la estética del Centro Histórico de Mérida, a su estilo colonial que identificamos las y los yucatecos y que hace parte de la identidad de la ciudad.

En cuanto a los guías y siendo sinceras, sentimos que la información proporcionada fue superficial. Queríamos escuchar cosas nuevas, algo que nos hiciera conversar y pensar al salir de allí, pero parecía que tenían miedo a equivocarse y terminaban limitándose a señalar lo evidente. Aun así, ¿volveríamos? Sí, claro que sí, porque cuando un lugar tiene el corazón en el lugar correcto, no te vas enojado, sino con ganas de ayudar para que mejore, para que algún día también puedan escuchar los que no oyen, ver lo que no ven y tocar lo que solo han mirado. 

Referencias:

Palacio de la Música. (s. f.). https://palaciodelamusica.yucatan.gob.mx/

YouTube Music. (s. f.). YouTube Music. https://music.youtube.com/watch?v=Dblfx9QvnDY&si=p8F3olCoCmBCnj7N


* Alumnas de la Licenciatura en Desarrollo y Gestión Interculturales de la ENES Mérida.