El humo del alma

El humo del alma

27 noviembre, 2025 0
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Por: Ema Rebeca Maldonado Pichardo*

Nadie nace sabiendo odiar. Tampoco nace sabiendo disfrutar el humo. Todo se aprende, incluso las cosas que parecen más sencillas. Howard Becker (2016) lo dice con claridad: fumar marihuana no es solo encender un cigarro, es entrar en una red de significados donde alguien te guía, te explica cómo sentir, cómo interpretar y cómo encontrar placer. Pero si podemos aprender a flotar en el humo, ¿por qué no aprender también a construir en el aire limpio? ¿Por qué no hablar del proceso inverso?: aprender a mirar sin miedo a lo que el mundo intenta deformar.
La respuesta, quizás, está en el entorno. Desde el núcleo más pequeño, nuestra familia, hasta la calle que habitamos, vamos absorbiendo los gestos, los silencios, los miedos. Becker (2016) explica que el entorno moldea la conducta. Pero hoy, ese entorno ya no se limita al barrio o a la familia; se extiende a lo digital, a las redes, a la cultura del ruido constante. Vivimos en un mundo que cambia a una velocidad abrumadora, donde la clásica división entre el bien y el mal se difuminan, donde la “maldad” no siempre parece evidente, y la confusión moral se disfraza de libertad o éxito. Sin embargo, incluso en medio de ese caos, tenemos elección. Podemos desaprender la indiferencia, cuestionar lo que se normaliza y construir otras formas de ser, de resistir y de sentir. El autor argumenta que se aprende a reconocer los efectos del humo y a darles sentido; quizá hoy el reto sea aprender a respirar sin él, a elegir conscientemente qué nos define y qué dejamos ir.
Becker (2016) observó que el placer de fumar marihuana solo existe porque se comparte; sin el grupo, no hay experiencia. Lo mismo ocurre con los personajes de la película El odio (Kassovitz,1995), la violencia es algo colectivo, una manera de sentirse parte de algo, aunque duela. Lo trágico es que ambos procesos, el placer y la ira pueden destruir si no se reconocen desde su raíz social. Porque no se trata solo del acto, sino del vacío que lo alimenta: la falta de oportunidades, el abandono familiar, el olvido de un sistema que no escucha.
Y al final, tanto el fumador que busca un efecto como el joven que apunta un arma se parecen más de lo que creen. Ambos intentan dar sentido a su existencia, aunque ese sentido se construya en lo autodestructivo. Lo que Becker (2016) denomina como “atribuir significado a los efectos” podríamos entenderlo también como la eterna búsqueda de sentir algo, de confirmar que se está vivo.
Sin embargo, hay una ironía en todo esto. Los personajes de la película El odio, creen dominar su entorno, “mandar en el barrio”, pero esa sensación de poder es solo un reflejo, una ilusión proyectada sobre un mundo que no los mira. En el vasto universo, son una mota de polvo, un destello que se extingue en silencio. El odio que aprendieron no les da control, sino cadenas; los ata al mismo vacío del que intentan escapar.
Y aunque el tiempo ha pasado, seguimos atrapados en algo parecido. Hoy el entorno son las redes sociales, los juicios y prejuicios, la necesidad de demostrar algo todo el tiempo. Muchos creen tener la razón o saber lo que está bien, pero en realidad nadie parece saber hacia dónde va. El mundo cambia, y con él las formas de pensar, pero también crece la confusión. Nos preocupa tanto encajar, ser vistos, dejar una huella, que olvidamos lo esencial: lo que de verdad importa no es ser parte del ruido, sino mantenernos fieles a lo que somos, aunque el mundo entero diga lo contrario. Nos convertimos en espejos de lo que otros esperan ver, olvidando que la autenticidad no necesita aplausos. Tal vez la verdadera libertad consiste en caminar entre la multitud sin perder el ritmo de nuestro propio corazón, en aprender a escuchar el silencio que nos recuerda quiénes somos, y no el clamor constante que nos dice quién deberíamos ser.
Porque al final, tanto el humo como el odio se disipan. Y cuando lo hacen, lo único que permanece es la pregunta ¿quién nos enseñó a ser así?… y si todavía estamos a tiempo de aprender otra cosa.

Bibliografía
Becker, H. (2016). Cómo fumar marihuana y tener un buen viaje: Una mirada sociológica. Buenos Aires: Siglo Veintiuno Editores.
Kassovitz, M. (Director). (1995). El odio [Película]. Canal+; Les Productions Lazennec.


* Ema Rebeca Maldonado Pichardo es alumna de la Licenciatura en Ciencias Ambientales de la ENES Mérida. Esta reseña fue realizada para la asignatura “Introducción a las Ciencias Sociales”, impartida por el Dr. César Guzmán Tovar y la Dra. Marcela Corredor Palacios.